El Muelle de Hierro -que había construido la británica Sociedad Anónima Malcom- era eso, un muelle de hierro donde atracaban barcos de carga que recogieron desde 1870 hasta 1934 las miles de toneladas de mineral de hierro que habían sido extraídas de las cercanas minas de El Peñoncillo. Este puente era paseable desde la costa hasta su mitad más o menos, lugar en que se puso una verja que impedía el paso más allá. Era el muelle lugar de destino de los paseos de los marbelleros de entonces, constituyendo un motivo de solaz.
La empresa que entonces explotaba la mina en 1934, la The Marbella Iron Ore viendo que ya no era rentable el negocio cerró sus oficinas y puso a la venta el muelle, lo cual hizo que el Ayuntamiento, oyendo el sentir popular, quisiera evitarlo, para lo cual propuso a la Dirección General de Puertos que lo comprase, obteniendo una negativa por parte de dicho organismo y como el municipio no tenía dinero para ello -la economía municipal estaba hecha unos zorros- el muelle acabó por venderse a unos chatarreros valencianos que tardaron poco en desguazarlo y llevárselo, para desesperación y desconsuelo de los marbelleros, que veían cómo uno de sus símbolos más apreciados desaparecía.
El articulista, Don José María Zuzuarregui y de Sotto, abogado, había sido Concejal de Marbella entre 1932 y 1933, residiendo en aquella ciudad, y donde su hermana Agustina y su cuñado, José de Laguno, habían fundado un hotel de excelente calidad y alto nivel, llamado Hotel Miramar.
Haciéndose eco del sentir y del clamor popular ante tal afrenta a la ciudad y al pueblo, el articulista no dudó en tomar la pluma y escribir lo que sigue:
UN BUEN PUERTO QUE SE MALOGRA
A la vista de todos y en plena
pasividad de los malagueños y sus autoridades, se va a desmontar el muelle
marítimo más capaz de la provincia (descontando los del puerto de Málaga)
Un muelle de cerca de medio
kilómetro de largo (ocho metros de altura sobre el agua) y perfectamente apto
para la carga de barcos de cuatro mil toneladas.
Ni una protesta ni una gestión
para impedirlo, ni una sola, tampoco, para lograr lo que es natural y obligado
cuando la política provincial y local está verdaderamente inspirada en anhelos
de mejoramiento material y social de la región.
El magnífico muelle de la
ensenada de Marbella va a destruirse, sin provecho de nadie, precisamente en la
ocasión en que están a punto de concluirse las carreteras de Ronda y Coin que,
desembocando en la general de la costa, confluirán en Marbella como vértice de
su tráfico. Vea el lector el croquis que publicamos y podrá juzgar por la
situación de los datos la enorme torpeza de la destrucción que se intenta.
Tenemos fama los españoles de
cargar a los Gobiernos la culpa de nuestros atrasos, pero a fe que ellos han
hecho, en general, todo lo posible para justificar esa costumbre. Veamos el
caso presente.
Sobre el año 1871 se hizo
concesión por parte del Estado español a la Sociedad Anónima Malcom para que
instalara un muelle en Marbella. En efecto; se construyó un espléndido muelle
de sólidas columnas de hierro, fuertemente apresado en otras empotradas en el
firme marino, y convenientemente afianzadas de armadura metálica. Cerca de
quinientos metros de muelle sobre el mar, con un <<calado>> en la punta de
veinte y cinco pies de profundidad. En alarde de previsiones técnicas y para
facilitar la carga de vapores de cuatro y cinco mil toneladas, se dio al muelle
triple anchura en su extremidad; instalando las vías de ferrocarril con sus grúas
correspondientes, mangas de carga y demás servicios complementarios.
Solo el ser macizo le faltaba a
este muelle para ser perfecto. Aun prescindiendo de la finalidad de cargar
mineral de las minas del Peñoncillo para que se construyó, era de suma
necesidad un muelle en la abierta ensenada de Marbella: como lo han demostrado
después los hechos en las múltiples ocasiones en que veleros y vaporcitos,
sorprendidos por el temporal que no les permitía llegar sin grave riesgo a
Gibraltar o Málaga, buscaron el refugio en las aguas siempre más tranquilas que
tamiza y amansa el muelle de Marbella. Por el pudieron muchos comunicar con
tierra y aprovisionarse durante los temporales.
* * *
Pues bien; ante la construcción
de una obra tan beneficiosa y de la buena calidad descrita, ¿con qué cláusula
podrá pensarse que se condicionó su instalación?
¿Con la de que los
concesionarios fueran convirtiendo poco a poco, el muelle de hierro, en muelle
macizo (rellenándolo, en forma, con los
mismos bloques de piedra residuo de la mina) para que al término de la
explotación recibiese siquiera un puerto estable la región española que iba a
dar la riqueza de sus entrañas al Extranjero?...No seamos ingenuos: eso lo
hubiera pedido un padre. Y el Estado español dista bastante de ser el padre de
los españoles.
Pero acaso la condición
impuesta a la Compañía Malcom o a su sucesora The Marbella Iron Ore, sería al
menos la de entregar el muelle de hierro en perfecto estado de conservación al
terminar el laboreo de las minas?...Tampoco fue esa, mis dilectos lectores.
Cualquier tutor medianejo que concede la realización de mejoras en fincas de
sus tutelados, exige a la postre para ellos la propiedad de aquellas mejoras en
buena conservación...
El Estado no llegó a la altura
de un mediano tutor; no estaba para cavilaciones benéficos de esta región el
día de la concesión del muelle de Marbella; padecía sin duda hipercloridria. Y
por eso, del mismo modo que los romanos pidieron para sus enemigos la
destrucción de su capital, Cartago; y que después de demolida se pasara por
ella la reja del arado para que no quedase ni memoria; y que sembraran de sal
sus campos para que fuesen siempre tierra maldita que no volviera a dar más
cosecha; de esta misma manera, digo, exigió el Estado español para conceder la
instalación de un magnífico muelle marítimo en la costa de Málaga, la seguridad
previa, absoluta, contractual, de que el muelle se destruiría de un modo
implacable pieza por pieza: y de que se arrancarían hasta los cimientos de sus
columnas andando el tiempo.
Es decir; que el Estado
procedió en este caso como el peor enemigo de la provincia; eliminando hasta la
posibilidad de que tuviera el único puerto de refugio, carga, y turismo que
entonces se le ofrecía. El Estado español (que anulaba de este modo el porvenir
marítimo de este trozo de costa) no llegó a pedir, justo es decirlo, que en lo
futuro se sembraran de sal los sitios que ocupara el muelle de Marbella; aunque
hay quien dice que se abstuvo de tal petición en que ya los salaría
suficientemente el mar Mediterráneo. Tal vez si no fuera por esta confianza lo
hubiera pedido el Estado, en evitación de que volviera a retoñar el
muelle...¡Es mucho Estado el Estado español!
* *
*
Pues bien;
la atrocidad que preparó en aquel remoto día de hipercloridria estatal, se va a
perpetrar ahora al liquidar su negocio la compañía minera (y aun puede que le
ayuden en parte los temporales) con enorme perjuicio del porvenir de Marbella y
notable demérito para la costa de Málaga.
Porque el
muelle de Marbella va a ser desmontado precisamente cuando su zona se convierte
en confluencia de tráfico de regiones interiores de la provincia tan
importantes como Ronda y Coín; cuando hay un problema mortal de paro obrero que
tiene en la miseria a trescientas familias solo en Marbella (problema que no se
resolverá ciertamente con que se emplee cuarenta hombres en los trabajos de
desguace del muelle), cuando se ha palpado la necesidad de tener puerto de
refugio en esta costa; cuando con una cantidad insignificante para la categoría
del puerto que habría de quedar (cinco o seis millones, no más, de pesetas)
podría utilizarse el actual muelle de hierro como base y armadura para la
construcción del puerto definitivo, que necesita ya este punto de la costa.
¡Sr.
Gobernador de Málaga; señores Alcaldes de Ronda, Coín y Marbella; comerciantes,
obreros, agricultores! A todos interesa evitar el desguace del muelle de
Marbella y lograr su rápida transformación en puerto permanente.
¡Medio
kilómetro de muelle de piedra para vapores de cinco mil toneladas abierto al tráfico
en comunicación directa con las ricas e interesantes regiones de Ronda y
Coín!... Obra magnífica para la que habrán de sobrar facilidades técnico -
económicas a base de la actual instalación. Solo falta un poco de buena
voluntad por parte de todos para concretar la petición y apoyarla en Madrid.
Ahora que la fuerza de los hechos obliga ineludiblemente a ejecutar un vasto
plan de obras públicas, será de todo punto justo recabar para esta un turno
preferente.
No se
trata de una cuestión local ni de partido; es asunto de alto interés
provincial, avalorado por el aspecto benéfico que tiene de ser la única
solución práctica de esta zona para curar esa dolorosísima llaga social que se
llama el paro obrero.
J. ZUZUARREGUI (abogado)
Marbella y Marzo de 1934.
Fernando de Laguno Oviedo
Málaga - 2013
Fuentes:
1- La Unión Mercantil, 20 de Marzo de 1934, página 12. Periódico malagueño de la época, hoy desaparecido.
2- Marbella, Segunda República y Guerra Civil (Crónica de una época difícil) Alcalá Marín, Fernando. Imprenta Graficsol, S. A. Marbella Julio de 1988
Fuentes:
1- La Unión Mercantil, 20 de Marzo de 1934, página 12. Periódico malagueño de la época, hoy desaparecido.
2- Marbella, Segunda República y Guerra Civil (Crónica de una época difícil) Alcalá Marín, Fernando. Imprenta Graficsol, S. A. Marbella Julio de 1988

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