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La
nocturna lluvia golpea insistentemente los cristales de la ventana mientras
Carmela, la comadrona, calienta el agua, la cual seguidamente vierte en la
jofaina que ha dispuesto para ello y la lleva a la habitación, dejándola sobre
la mesa, junto a los lienzos de lino limpios.
En la cabecera de la cama, Elisa, la hija de
la comadrona enjuaga la cara de Concepción, la cual parece estar a “punto de
caramelo” para parir, pues las contracciones son cada vez mas fuertes.
La comadrona, con toda parsimonia, da un
poco mas de luz y se dirige a la ventana para cerrar los postigos y las
cortinas. En ese momento Concepción rompe aguas y acto seguido empieza a
empujar, yendo la comadrona a situarse en su puesto para realizar las labores
propias de su oficio, aunque, piensa, con Concha no es necesario, porque “se le caen del vientre, ¡que facilidad,
Dios mío”. Carmela llevaba más de treinta años ejerciendo su trabajo, el
cual aprendió de su madre y esta de la suya y, ahora, su hija estaba pronta a
relevarla. Varias generaciones de ceutíes habían venido al mundo ayudadas por
esta saga de comadronas.
Para Concha, efectivamente, fue como, si
dijéramos, de rutina, pues era el séptimo parto que tenía y si este no se moría
sería el tercer hijo que vería crecer. Mientras Elisa la limpiaba, pensó,
mirando la panoplia con las armas de caza de Rafael, su marido, que este
estaría muy contento, pues hasta ahora había tenido solo varones, pues las mujeres
se le habían muerto, una pena, pues de no tener alguna iba a tener que cargar
ella sola con todas las tareas de la casa, ayudada de Fátima, claro. Fátima era
la chica marroquí que tenían en la casa como criada.
Bien, pues al poco rato ya teníamos un
hermoso niño llorando y con ganas de vivir, que fue limpiado entre la comadrona
y su hija, que dejándolo bien limpito y seco lo depositaron sobre el pecho de
Concepción, la cual le dio enseguida su primera leche, que el neonato chupó con
verdaderas ganas. Así, juntos y acoplados, Concha sintió que este le viviría y
dando gracias a Dios, decidió sobre la marcha que le pondría por nombre
Salvador, dijera lo que dijera Rafael, que quería ponerle Cipriano, como su
padre y a ella ese nombre no le gustaba. Salvador, como ese otro hijo que tuvo
en 1906 y que tan solo le vivió poco más de año y medio y que le nació estando
en Sueca.
Momentos después entraba en la habitación
Elisa con un humeante tazón de caldo de gallina que Concepción, incorporándose
un tanto, se tomó con verdadero placer y casi de una atacada, a pesar del
enfado de la comadrona, pero ella tenía ganas y quería empezar a alimentarse
bien para que su hijo también lo estuviera y creciera fuerte y sano, al igual
que sus hermanos Rafael y Manolo.
Así pues, el día catorce de Abril de 1911 a
las once de la noche vino Salvador al mundo en el número 89 de la ceutí calle
de Soberanía Nacional, siendo sus padres Rafael Muñoz Domingo, natural de la
localidad valenciana de Sueca, hijo de agricultores, y en la actualidad
Sargento del Regimiento de Infantería “Ceuta
Nº 60”, y de Concepción López Sierra, natural de Ceuta e hija de
funcionario del Ayuntamiento ceutí.
Fue, efectivamente, bautizado con el nombre
de Salvador al siguiente día en la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios,
igual que sus hermanos.
De
su infancia y primeros años de juventud no sabemos prácticamente nada, salvo
que primero estuvo estudiando en el Patronato Militar de Enseñanza y después en
una escuela pública -de la que no recordamos el nombre-, que era donde solían
estudiar los hijos de los suboficiales, a pesar de que era una familia que no
pasaba estrecheces. Sabemos también que hizo su primera comunión en Abril de
1919, que en 1924 vivía en la calle de Alfau y que para 1930 ya residía en
Tetuán, en el número siete de la calle del Cónsul Morfi, pues su padre, que
trabajaba en la Intervención Militar, había sido trasladado a esta ciudad y
desde 1928 vivía allí la familia.
Impregnado del ambiente militar que se vivía tanto en Tetuán como en su
familia y siguiendo el ejemplo de su padre y de sus hermanos, decide ingresar
como voluntario en el Ejército y para ello debió presentar una serie de
documentos, los cuales fueron: su partida de nacimiento, un certificado
expedido por el Registro Civil de Tetuán con los datos de residencia y
soltería, un certificado de buena conducta expedido por el Cónsul - Interventor
Principal de Tetuán, la autorización de su padre, enviada al Secretario del
Juez de Paz de Tetuán, autorizando a su hijo a ingresar como voluntario y un
certificado de nacionalidad expedido por el Consulado de España en Tetuán, en
el cual se hacía constar que en registro de matrículas de súbditos españoles de
ese Consulado se encontraba la de el, señalada con el número 6619.
Con todo esto, el 24 de Febrero de 1932 escribe Salvador una carta al
Coronel Jefe del Regimiento de Radiotelegrafía y Automovilismo en África, en la
cual manifestaba su deseo de ingresar en la “…honrosa carrera de las
armas como soldado y por el tiempo de dos años…”, pidiéndole le admita como voluntario.
El
24 de Marzo se le hace el preceptivo reconocimiento médico, por el cual el
Teniente médico certifica su buena salud y su aptitud para el servicio de las
armas. Reconocimiento que tiene lugar en Ceuta. Ese mismo día entra en filas:
ya es soldado, con cartilla militar número 3022186. Esta cartilla nos informa
que tenía el pelo castaño, ojos azules, medía un metro y setenta y nueve
centímetros, la barba redonda y la frente plana.
Así pues, el día 24 de Marzo de 1932 causa alta -sin opción a premio
pecuniario- en la “Compañía Radio de
Ceuta” en la revista de comisario de ese día, leyéndosele las leyes
penales, tras lo cual quedó en su Compañía de instrucción. El día 10 de Abril
jura fidelidad a la bandera ante el estandarte del Batallón de Ingenieros de Ceuta, y el 30 de ese mes,
por orden del Cuerpo, fue dado de alta en instrucción militar y prestando los
servicios de su clase, hasta que tras el periodo de instrucción, el 11 de
Agosto y por orden del General Jefe Superior de las Fuerzas Militares de
Marruecos, es destinado al Grupo de Regulares de Tetuán Nº 1, por cuyo motivo causó baja en la Agrupación de Radiotelegrafía y Automovilismo en África y causando
alta en su nuevo destino en la revista de comisario del mes de Septiembre,
incorporándose al Campamento General del Grupo, donde fue destinado a prestar
sus servicios en la Plana Mayor, y de servicios de guarnición finó el año.
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| Escudo de Regulares "Tetuán Nº 1" |
Allí estuvo hasta que en la revista de comisario de Abril de 1933, en
que causó baja en la fuerza con haber y alta en la sin haber, porque pasaba a
continuar sus servicios en la Inspección
de Intervenciones como Escribiente, realizando su trabajo a satisfacción de
sus superiores, por lo que debido a esto y a su ascendente sobre sus
compañeros, fue promovido al empleo de Cabo de Infantería por elección en la
revista de comisario de Octubre de ese año, continuando en el desempeño de sus
funciones hasta que viendo que llegaba el fin de su compromiso con el Ejército,
decide continuar, y para ello, el 20 de Marzo de 1934, solicita la continuación
del compromiso por un año más, cosa que hará ya en los años sucesivos. Se le
acepta la permanencia, y prestando los servicios de su clase desplazándose por
las distintas posiciones del territorio acabó el año.
Ya
por estas fechas había entrado en relaciones con una jovencita, hija de un Cabo
de Infantería que había estado en la Guerra de Melilla y que había sido condecorado
con la Cruz de plata al Mérito Militar y la Medalla de la Campaña de Melilla.
Esta muchacha, llamada Loli, acabó siendo la madre de sus hijos.
En
Junio de 1936 causa baja en la Plana Mayor del Grupo, pasando a ser alta en la Compañía de Depósito, donde continuó
prestando el servicio de su clase, pasando a la Fuerza sin haber y continuando
adscrito en Intervenciones, donde
continuó prestando sus servicios, los cuales realizó con entera profesionalidad
y con ascendente sobre sus compañeros de siempre, con lo que, en vista de lo
cual, por orden del Grupo con fecha de 30 de Marzo de 1937 es ascendido a
Sargento de Infantería, lo cual saldría publicado en el B. O. E. poco después,
justificando tal empleo en la revista de comisario de Abril.
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| Sargento de Regulares |
Como suceso ocurrido en este año de 1937, está el que tras pedir permiso
a la Superioridad, tuvo que ir a Alhucemas a hacerse cargo del cuerpo del padre
de su novia, pues había fallecido repentinamente en aquella localidad, donde
trabajaba como guarda Forestal, teniendo que hacerse cargo, además, de los
trámites de inscripción del fallecimiento en el registro civil y de trasladar
el cadáver a Tetuán, para ser enterrado allí por la familia de su novia.
Aquí estuvo prestando sus servicios, hasta que en primero de Enero de
1940 y según escrito del IX Cuerpo de Ejército pasa a la Comisión de Estadística del Alto Estado Mayor del Ejército,
causando baja en su Unidad a fin de Enero y se incorpora a la nueva el primero
de Febrero de 1940. Ya en su nueva Unidad, se le informa que con arreglo a la
Ley de 15 de Marzo de 1940 se le abona un año, cuatro meses y siete días por
los servicios prestados durante la Campaña 1936 - 1939, y por Orden de 21 de
Mayo se le confirma en su actual destino, donde acabó el año.
Estando cumpliendo con sus obligaciones, el 21 de Agosto de 1941 y por
una Orden del Ministerio del Ejército y comunicada por medio de un escrito a la
Dirección General de Reclutas y Personal (Sección Recompensas), se le concede
la Medalla de la Campaña, por los
servicios prestados durante la odiosa Guerra Civil. Y en la situación en que
estaba acabó ese año 41. En este año, tras obtener el correspondiente permiso,
tuvo que llevar a su futuro cuñado, Miguel, hermano de su novia, a Málaga, a
una residencia donde se trataban las enfermedades respiratorias, pues Miguel
era tuberculoso, enfermedad de la que, finalmente, acabó falleciendo.
El
año 42 no empieza mal, pues por Orden del 9 de Febrero se le concede un
quinquenio de quinientas pesetas anuales, a percibir desde el primero de Abril
último, cosa que no le vino nada mal, dado que ya tenía, junto a Loli,
proyectos de futuro y todo lo que “cayera” era bien recibido.
Andando los meses y tras meditarlo, decidió que en el Ejército no estaba
su futuro, pues por una parte veía que de Sargento difícilmente iba a pasar en
muchos años y por otra veía que en otros lugares de la Administración se ganaba
algo más, de modo que, habiendo fijado su residencia en Tetuán, solicitó la
baja, la cual le fue concedida el 18 de Agosto del 43, pasando al Grupo de Regulares de Infantería Nº 9 como
Reservista para caso de movilización, con la sola obligatoriedad de realizar
las revistas anuales correspondientes hasta el 29 de Mayo de 1950, que es baja
en el Grupo que estaba y es dado de alta en el C. M. R. del Regimiento de
Infantería Ceuta Nº 54, donde
permaneció hasta el 8 de Agosto de 1956, que causa baja en las Fuerzas de
Reserva, según escrito del General Subinspector de la Zona Occidental de
Marruecos, remitiéndose dicho escrito tanto a el como a la Subinspección de
Servicios de la plaza de Tetuán. Y aquí acabó su aventura militar.
Antes de esto, el 5 de Julio de 1947 nace su hijo Miguel Ángel.
No
tenemos los documentos que nos lo confirmen, pero por información de su hijo
Miguel Ángel, sabemos que tras dejar el Ejército ingresó en la Policía Secreta,
donde estuvo en la sección de censura de películas, entre otros departamentos.
No obstante se ha pedido información al Ministerio del Interior y ahí han
respondido -después de bastante tiempo y de mucho insistir- que no consta en
sus archivos. Piensa el narrador que al ser de la Policía Secreta, pues es
posible que ha pesar de llevar mas de treinta años muerto, el Ministerio del
Interior no quiere dar información. En cualquier caso, si sabemos que en Agosto
de 1943 fue nombrado por acuerdo de 28 de Julio anterior y con carácter
provisional Agente de 3ª clase de Vigilancia y Seguridad para el territorio de
Yebala, y que por acuerdo de 25 de Marzo de 1946 se dispuso su cese en esa
Administración como Agente Provisional de la Policía, con efectos económicos -
administrativos de 31 de Marzo.
Cuando salió de la Policía decidió montar un negocio y ser su
propio jefe, cogiendo el traspaso de una carnicería en la calle O´Donnell,
cercana a su casa, que era Avenida Mohamed V, frente al Centro Español -Casino
Español-, poniendo al frente de ella a un marroquí que conocía.
Aprovechando que tenía quién le llevara la carnicería, se metió en el
negocio del corcho, como intermediario entre los descorchadores y los
compradores, negocio al que accedió a través de una amistad con la que compartía
aficiones cinegéticas, las cuales le venían de su padre, gran cazador. Este
periodo del corcho duró, no obstante, poco tiempo, pues comprendió que le
faltaban los conocimientos necesarios para poder llevarlo todo lo bien que este
negocio requería y aunque ganó bastante dinero, decidió dejarlo.
Hombre inquieto, puso en traspaso la carnicería, y dejando bien
acomodada a su mujer e hijos, fue a probar fortuna en la Costa del Sol, pues en
los años 60 empezaba su “bum” turístico y urbanístico, colocándose como
administrativo en una empresa de la construcción llamada Construcciones Castillo, en Fuengirola.
En
esta época, su hijo había empezado a trabajar en la empresa “Papelera de Tetuán”, del empresario
Rafael Benet, que incluso le pagó un viaje a Guipúzcoa para que asistiera a
unos cursos sobre el negocio del papel en su mas amplio sentido, desde que se
corta el árbol hasta que se distribuye el producto final, es decir, el papel.
Ocurrió que estando Salvador en Fuengirola, donde llevaba ya bastante
tiempo, enfermó gravemente su mujer, y debiendo estar a su lado abandonó su
puesto de trabajo, acudiendo a auxiliar a Loli, pero la fatalidad quiso que
ésta acabara por fallecer, quedándose Salvador viudo y con una niña de nueve
años a la que dejar colocada en el mundo. Como tenía que vivir, empezó a buscar
trabajo, colocándose como administrativo en la misma empresa en la que
trabajaba su hijo, gracias entre otras cosas a los muy buenos informes que
traía de Construcciones Castillo, de Fuengirola.
Era un hombre alto, apuesto, ojos medio claros, pelo negro, con un
carácter muy sociable, extrovertido y con gran facilidad para entablar y
mantener una conversación, fuera esta del tema que fuera, con cualquier
persona; además, era una persona que sabía hacerse conocer y reconocer, por
parte de cuantos circunstancialmente le trataban, siendo muy conocido allá
donde viviera y apreciado por todos. Esta cualidad la han heredado sus dos hijos
y aún su nieta Susana y su nieto Pablo, y que al igual que Salvador no llegan a
cansar, antes al contrario, son constantemente saludados y parados en la calle
por cuantos le conocen.
Como hemos dicho antes, una de sus pasiones era la caza, afición heredada
de su padre y que practicó hasta el
final y en la cual inició y formó a su hijo Miguel Ángel. En esto de la caza
tuvo suerte, en el sentido de que al ser hijo de una familia con bastantes
recursos económicos, pudo disfrutarla acudiendo junto a su padre a buenos cotos
de caza allí en Marruecos, junto con los amigos paternos, algunos de los cuales
eran personas bien introducidas y situadas en la sociedad tetuaní o ceutí, lo
cual les facilitó en mas de una ocasión participar en grandes monterías, casi
siempre por la región de Yebala. Dispones de información acerca de sus
sucesivas renovaciones de las licencias, tanto de armas como de caza, y de una
ocasión en que por algún motivo que desconocemos causó baja voluntariamente en
la Sociedad de Caza y Pesca de Tetuán, siéndole anulada, por tanto su licencia
de caza temporalmente, ocurriendo eso el 29 de Julio de 1948, pero cuando pasó
la circunstancia por la cual se dio de baja, volvió a retomar su licencia y a
disfrutar de su pasión cazadora por todo el territorio del Protectorado, como
así nos lo dice en el Boletín Oficial del Protectorado de fecha 11 de
Septiembre de 1949.
Era
un hombre muy tranquilo y discreto, que no gustaba de los saraos ni el
figuroneo en la sociedad, bastándole con ir al Casino Español, del que era
socio, a leer los periódicos, hablar de política, echar unas partidas de brisca
o sencillamente tomarse una zarzaparrilla, a la que al parecer era muy
aficionado.
Al
quedarse viudo en el año de 1966 y debido a su horario laboral se vio en la
necesidad de dejar a su hija, Rosa, medio pensionista en el colegio, La
Milagrosa, recogiéndola avanzada la tarde e ir dando un paseo hasta la casa,
contándose mutuamente las incidencias de la jornada, para al llegar a la casa
preparar al alimón la cena, recoger la cocina y lo que en la casa pudiera haber
desordenado. Los recuerdo de su hija respecto de el, son bonitos, los de un
padre cariñoso, dedicado a ella, atento y que siempre estaba al quite de lo que
ella pudiera necesitar tanto material como personalmente, preocupándose mucho
por sus estudios y sus amistades, tanto en el tiempo que estuvo ésta en Tetuán,
como el que pasó en Tolosa y en Málaga, yendo los domingos juntos a pasear,
comprar unos churros para desayunar y salir a medio día a tomar unos chatitos
él y un refresco ella, y así hasta que falleció.
Durante la época que estuvo trabajando en Fuengirola iba mucho a Málaga,
pues allí, en la calle Malasaña residían su madre y su hermana Esperanza, que
trabajaba en el periódico SUR. De su hermano Ricardo sabemos que residía en
Madrid con su mujer, Meli, y su hermana Concepción vivía con su marido e hijos
en Jerez de la Frontera. De su hermano Rafael solo sabemos que vivía en Madrid,
que estaba en el ejército y que fue el primero de los hermanos que falleció. Su
hermano Manolo vivía en Ceuta y era Comisario de Policía; mas tarde vino a
vivir a Málaga.
Ya
en 1970 empezó a estar enfermo del hígado y su hija pasaba cada vez que podía
largas temporadas a su lado cuidándolo y ayudándolo, pero el cáncer de hígado
pudo más y el 1 de Agosto de 1973 falleció, siendo enterrado junto a su mujer
en el cementerio europeo de Tetuán.
Por lo menos tuvo la oportunidad y la satisfacción de asistir a la boda
de su hijo Miguel Ángel con Marisa, en Tolosa
el 1 de Febrero de 1971 y la dicha de ver el nacimiento de su nieta,
Patricia. el 1 Julio de 1973.
Sus padres fueron Rafael Muñoz Domingo y Concepción López Sierra. Sus
abuelos paternos fueron Cipriano Muñoz Cervera y Esperanza Domingo Crespo. Sus
abuelos maternos fueron José López Jiménez y Manuela Sierra Suárez.
Tuvo dos hijos, Miguel Ángel y Rosa María, una nuera, Maria Luisa
Mendiluce Muñoz, y un yerno, Fernando José de Laguno Oviedo, pero solo conoció
a la primera.
Tuvo tres nietos, Patricia, Susana y Pablo, pero solo conoció a la
primera.


