José de Laguno Cañas
Nació José el 27 de
Julio de 1886 en Baracoa, Cuba, siendo bautizado el 15 de Enero de 1887 en la
Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa por el cura propio de
dicha Parroquia D. Manuel Llopis, siendo sus padrinos Fidelina Cantillo y Juan Fernández
Rubio. Se le puso por nombre José Ladislao (1)
Era rico propietario
en Cuba, pues era hijo de una familia de la clase acomodada de la Provincia de
Guantánamo, ya que su madre era hija de una familia de la buena sociedad de
dicha Provincia y su padre un cántabro emigrado hijo de una familia de Renedo
de Piélagos dedicada al campo y al comercio con Ultramar, y que había hecho
fortuna gracias a ese mismo comercio con la Península, Cuba, Francia y Estados
Unidos.
Sabemos nada de su
infancia y juventud, pero si sabemos que llegó a Estados Unidos en 1903, a
Boston a estudiar Comercio, lo que hoy correspondería a Empresariales ó
Económicas. Durante su estancia allí estuvo residiendo en la calle Stone,
compartiendo casa con un tal R. Fabian, que debía ser estudiante como el. Llegó
a Estados Unidos en el vapor “Curityba”,
desembarcando en el puerto de Nueva York el 31 de Agosto de 1903. Era un hombre
muy culto y hablaba a la perfección el francés y el inglés (2)
Parece ser y según
datos proporcionados por sus hijos, llamado por su padre que tenía
serios problemas con la vista y que degeneraron en cataratas, llegó José
definitivamente a
España
en el año de 1908, viviendo en la residencia de
su padre en Madrid, probablemente en la calle Carrera de San Jerónimo, esquina Puerta del Sol, lugar donde
residió con su padre y hermana y siendo en
Madrid el lugar donde a raíz de sus estudios de Economía,
empezó
a trabajar en el Banco Hispano Americano, en el departamento de extranjería,
dados su dominio absoluto tanto del inglés como del francés, ganado un buen
dinero que junto a los beneficios de los negocios e intereses de su padre le
permitía vivir muy desahogadamente. Así, era de los jóvenes que en Madrid tenía
una moto, una BSA, iba frecuentemente al teatro y a la ópera, a la que era muy
aficionado e incluso, dado que tenía buena voz, hacía sus pinitos, pensando
incluso dedicarse a ella, para desesperación de su padre.
Estaba muy introducido en
los círculos aristocráticos de Madrid, pues a su excelente posición económica
había que sumar su amistad con el aristócrata Javier de Borbón, cuya familia
tenía una mansión vecina a la que el padre de José tenía en su pueblo, Renedo
de Piélagos, donde José pasó muchas temporadas de vacaciones y donde forjó su
amistad con este Borbón. Gracias a estas relaciones estaba José introducido en
el ambiente aristocrático y de la alta burguesía, como dijimos antes, y si a
esto le añadimos que era un amante de la ópera, la zarzuela y el teatro, no era
de extrañar que conociera en ese ambiente cultural a
Agustina de Zuzuarregui, la que sería su futura mujer, hija de aristócratas,
romántica, culta y soñadora, enamorándose ambos perdidamente y tras un noviazgo
feliz contrajeron matrimonio el 5 de Mayo de 1916, en la Parroquia de San
Manuel y San Benito de Madrid (3), realizando su viaje
de novios por España, siendo Toledo una de las escalas.
El 6 de Junio siguiente se le concede la nacionalidad española, debiendo
jurar la Constitución. La nacionalidad le fue concedida a propuesta del
Ministerio de la Gobernación y de acuerdo con la Comisión Permanente del
Consejo de Estado. El decreto fue firmado por el Ministro de la Gobernación en
nombre de S. M. el Rey Don Alfonso XIII y apareció recogido en la Gaceta de
Madrid con fecha del 8 de Junio (4)
Sobre
1925 hacen un viaje a París.
En vista de que las posesiones en Cuba no rendían lo suficiente -o no se le mandaba el
dinero correctamente y en tiempo- y
cansado José un poco de su
trabajo en el Banco, en el que no veía un futuro prometedor, deciden ir a
Cuba a vender todo y con el dinero obtenido montar un negocio y, así, a primeros de Octubre 1927 viajó, junto con toda la familia a Baracoa,
donde realizó las propiedades y
acciones, movido también en parte por el
temor a que la crisis económica
mundial, que ya empezaba a dejar sentir sus efectos, perjudicase seriamente a
sus negocios de exportación a Estados Unidos. Cuando empezó
a poner en orden las cuentas, vio
que estas no cuadraban como debían, que faltaba dinero y que zonas de
arboleda de la finca habían sido taladas. La culpa la tuvo el
haber puesto la administración de la finca en manos de un tal
Mendoza, que se aprovechó de la confianza que Pepe puso en el y
se dedicó
a vivir como si la finca fuera suya. Incluso se dedicó
a hacer una colección de casitas de madera con las mejores
maderas de la finca. Problemas aparte, esta operación
le salió bien, pues en 1929 vino el “crack” de la Bolsa de Nueva York y el
desplome de la economía mundial. Las propiedades consistían
en unos bienes inmuebles y en una extensa finca productiva llamada “La
Asunción”, que fue la que le tocó
en el reparto de la herencia de su padre entre el y su hermana, a la cual le
correspondió
una mas pequeña
llamada “Los
Prietos”
Antes de ir a Cuba, José decidió otorgar testamento, lo cual hizo en el
mes de Agosto, después de nacer su hijo Javier y fue ante el
Notario de Madrid José Toral y Sagrista.
Con el dinero obtenido por la realización
de sus propiedades, compró, sin verla una huerta en Marbella, llamada de “San
Ramón”,
situada entre la playa y la carretera general. Esta huerta tenía
una casa. El motivo fue que el matrimonio decidió invertir el dinero obtenido por la
venta de las propiedades en Cuba en acciones de la Azucarera Hispania,
constituida en julio de 1930 y fruto del acuerdo de poderosas azucareras
nacionales, donde las acciones valían alrededor de quinientos duros. La
finca sirvió
para cultivar caña
y luego venderla a través de dicha compañía.
A la vez dejaron un pequeño lugar para huerto. La pena fue que
tiempo después
de proclamarse la República el Gobierno hizo una reforma del
sector, de tal manera que perjudicó a los productores nacionales, pues
importó
caña
y azúcar
del exterior, cayendo el valor de las acciones de forma estrepitosa.
Mientras esto sucedía,
a su venida de Cuba se fueron a vivir a Burjasot, localidad cercana a Valencia
y donde estuvieron residiendo año
y medio o dos años,
no sabemos porqué,
solo sabemos que en ese periodo de tiempo sus hijas Isabel, María
y Josefina estuvieron dando clases de dibujo con Juan Belda, un discípulo
de Sorolla.
Al caer el precio de las acciones, el
matrimonio actuó
rápidamente
y decidieron que montar un gran hotel era una buena idea. Este se montó
en un edificio de nueva planta, junto a la casa que ya había
en la huerta, la cual iba a ser a partir de entonces la residencia familiar.
También
se hizo un campo de tenis.
Para el poder adquisitivo de la época era un hotel bastante caro, con
unas comodidades desconocidas hasta entonces en la costa malagueña y aun en Andalucía,
salvo contados casos en Sevilla, Jerez, Málaga o Granada. Estas comodidades ellos
si las conocían debido a sus viajes y a haber nacido y
sido criado entre ellas.
Tenía este hotel, llamado “Hotel
Miramar”, un menú
internacional y las tarifas eran las siguientes:
- agua caliente…………....2,50
ptas.
- baño de agua fría…….....1,50
ptas.
- desayuno……………….1,50 ptas.
- almuerzo………………..5,50 ptas.
- cena…………………….6,00 ptas.
- garaje…………………...2,50 ptas.
- pensión completa……....15,00 ptas.
La cubertería era de
lujo y de la cual guardamos algunas piezas. A las personalidades que en el
hotel se hospedaron se les atendía con el “traje
de los domingos” y guantes, siendo José uno de los que atendían a la
clientela, ya en el bar ya en el restaurante.
La clientela era
preferentemente inglesa, aunque también pernoctaban franceses, españoles,
alemanes, estadounidenses o suizos. Lo de los ingleses era debido a la
proximidad de Gibraltar y a la presencia en Marbella de una compañía minera
británica, la “The Marbella Iron Ore”,
que desde los años setenta de la anterior centuria explotaba unas minas de
hierro que en el término de Marbella había, pero que en 1934 cerró sus puertas
debido, primero a que por un lado ya no eran demasiado rentables y por otro a
la inestabilidad política y social de España en general y de Marbella en
particular (5)
En esta época, el 29
de Julio de 1933, tuvo que pagar una multa que le impuso el Gobernador Civil de
Málaga, y ello debido a que junto a su mujer y su cuñado José, mandó un
telegrama a Madrid en el que, supuestamente, se vertían frases injuriosas
contra el Gobierno. La multa fue de 250 pesetas a cada uno.
Una de las
personalidades que se alojó en el hotel y que había venido a hacer campaña
electoral, fue precisamente el Gobernador Civil de Málaga, D. Alberto Insúa,
que lo hizo el 17 de Junio de 1934. Este Insúa era escritor, nacido en Cuba al
igual que José, y que escribió una obra llamada “El negro que tenía el alma
blanca”. La factura de la recepción y la posterior invitación ascendió a 104,95
pesetas (5)
La publicidad del hotel era en español, inglés
y francés, idiomas que dominaban a la perfección, José
el inglés y francés
y Agustina el francés y se puede decir sin
ningún
género de duda que el Hotel Miramar de
Marbella fue el primer hotel turístico que hubo en lo que posteriormente
se llamó Costa del Sol, siendo el matrimonio de
Laguno Zuzuarregui unos pioneros del turismo en Málaga
y la Costa del Sol. Tenía muchísima clientela de forma permanente con
lo que se pensó
en su ampliación
(5)
Como
anécdota decir que una vez, se hospedó un matrimonio estadounidense, fijándose
él en un cuadro que en el comedor del hotel había, representando a un guerrero
musulmán; este cuadro había sido pintado por el padre de Agustina. Tanto le
gustó que “asedió” a José y a Agustina de tal manera que al final consiguió que
se lo vendieran, pagando por él una suculenta cifra. Desmontó la tela del
marco, la enrolló y se la llevó, debiendo estar al día de hoy presidiendo el
salón de algún hogar de Estados Unidos. La verdad sea dicha es que el
matrimonio Laguno no quería deshacerse de dicha tela, pero la oportunidad de
hacer caja para ampliar el hotel fue una razón de peso para la vente de dicha
tela.
La Guerra Civil truncó
el negocio arruinándolo, pues cesó
el tránsito
de viajeros, con caudales o sin ellos, viviéndose además
en el hotel algunos episodios de violencia por parte de los republicanos de
izquierda, que se habían adueñado del pueblo y sometieron al hotel a
una estrecha vigilancia, tanta que hasta que las tropas de Franco no tomaron la
población,
siempre había
francotiradores prestos a disparar al que saliera de la finca, sometiendo a la
familia a un bloqueo de alimentación, salvado en gran parte gracias a la
caridad de los pescadores y vecinos del pueblo, los cuales al grito de
“la basura para los fascista”, les arrojaban por encima de la tapia de la
huerta paquetes con sardinas, pan y otras comidas. Por otro lado, un jefe
político que a la sazón habían destinado a Marbella y conocido de José, le
ordenó que custodiara hasta que se los reclamara, unos sacos de garbanzos,
lentejas, arroz y harina de maíz, con el advertimiento de que como faltara un
solo saco lo iban a pasar mal. Es evidente la maldad de la orden, pues
queriendo que pasaran hambre les ordenaba bajo amenazas que custodiaran comida
que no se les permitía tocar. La familia pasó por una hambruna atroz, estando
incluso al borde de la muerte alguna de las hijas del matrimonio, Margarita, la
cual estaba recién nacida y debido a que a su madre se le había retirado la
leche la pudo salvar gracias a una reserva de tapioca que tenían escondida y la
poca leche que daba una cabra que tenían, llamada “Granadina”, con lo que hacía
Agustina una papilla para que comiera.
Hay que
recordar también que cuando estalló la guerra, José fue llamado por teléfono
por el boticario del pueblo, el cual le dijo que pusiera rápidamente Radio
Ceuta, cosa que hizo, enterándose de la gravedad de la situación, tomando la
determinación de reunir a los extranjeros que se hallaban en el hotel para
informarles de la situación y conminarlos a abandonar España a través de
Gibraltar, para lo cual llamó a Málaga para que enviaran unos cuantos taxis, en
los cuales se fueron los extranjeros a Gibraltar. Dichos taxis tuvieron la mala
suerte de que al volver se encontraron en Manilva con los milicianos, los
cuales les requisaron los vehículos dándoles unos recibos a cambio….papel
mojado.
Al poco de
estallar la guerra, los republicanos montaron un hospital de sangre en el
hotel, pero mas que para hospital sirvió para que saquearan todas las reservas
alimenticias, no dejando absolutamente nada de alimentos, es mas, incluso
arrasaron con los productos de la huerta, dejando, y sirva como ejemplo, solo
los tallos de las alcachofas, con los que Agustina preparó la comida mientras
duraron dichos tallos. Luego vino el episodio de guardar en el hotel los sacos
de legumbres con la orden de no tocarlos.
José tuvo
la fortuna de que aunque era español, mantenía la nacionalidad cubana e
informado por la Embajada de ese país, puso en lugar bien visible una bandera
de Cuba, manufacturada por Agustina e Isabel. Al principio los rojos creyeron
que se trataba de un “camarada” por
la estrella que dicha bandera tiene, pero esa idea duró poco y aunque José,
mientras pudo salir de la finca siempre llevó en la solapa la bandera de Cuba,
eso no le salvó del asedio a que su familia fue sometido. Es mas, una de las
ocasiones que los milicianos se presentaron en el hotel a ver que podían
rapiñar, le exigieron que le entregara las armas que tuviera, respondiendo el
que no tenía. Los milicianos le dijeron que si tenía, que les habían dicho que
era cazador, respondiendo José que mal cazador podía ser siendo miope como era.
No creyéndole le registraron, con la mala fortuna que en una faltriquera
llevaba 20. 000 pesetas que tenía guardadas para ampliar el hotel, dinero que
le robaron baja la palabra “decomisado”.
Desde la
casa podían ver como pasaba el llamado “coche
fantasma”, que no era otro que el que llevaba a los que iban a ser
fusilados en el cementerio, es decir, a los que estaban dando el fatídico “paseíllo”. En este coche llevaron al
veterinario, el cual fue maltratado y después de fusilado fue asado. También la
maestra fue en ese coche, la cual fue violada, mutilados sus pecho, arrastrada,
espanchurrada y finalmente rematada en el suelo. Estas son algunas de las proezas
que solían llevar a cabo los socialistas, comunistas y anarquista en España en
aquellos días tan tristes para todos.
Por fin, las tropas
de Franco entran en Marbella y entre ellas y con un cargo militar muy
importante venía Javier de Borbón, su amigo de Renedo y de Madrid, alegrándose
ambos mucho del encuentro, pues aparte de acabarse el asedio al que estaba
sometida la familia por parte de los rojos, ambos amigos se reencontraban
después de varios años sin verse. Este Javier instaló su Cuartel General en el
hotel de los Laguno durante los primeros tiempos tras la toma de Marbella a las
tropas republicanas.
Así pues y vista la
situación de ruina económica del hotel, deciden venderlo, cosa que hacen en
1940 a un Coronel apellidado Romero, el cual
no pagó ni mucho menos lo que valía, dándole por las casas y la finca
alrededor de 600.000 pesetas, tras lo cual se trasladaron a vivir a Málaga, a
la calle Madre de Dios 49-51 (7) -casa donde estuvo ubicada la redacción y prensa del
periódico “La Unión Mercantil”-,
poniéndose a trabajar como Jefe de la Corresponsalía de Extranjeros de la
empresa “Compañía Mata. Unión de Bodegas
Andaluzas”, o como era popularmente conocida “Bodegas Mata”, sita en la calle Purificación, de Málaga, y donde
ganaba un sueldo de 400,00 pesetas mensuales. Este cargo se debía, aparte su
educación y sus estudios de Economía a que hablaba, como ya se ha dicho en otro
momento, a la perfección el inglés y el francés.
Residieron en esta
casa de la calle Madre de Dios varios años, viviendo con ellos la madre de
Agustina, Maria de los Ángeles de Sotto-Clonard y Aguilar.
En veinte
de Mayo de 1942, pensando que debía rectificar su testamento debido a que desde
que hizo el anterior a entonces había tenido cuatro hijos más y también debido
a que aquel testamento había desaparecido de la notaría durante los sucesos
revolucionarios de los años treinta, procedió a redactar un testamento ológrafo
previo a uno que haría ante notario. Posteriormente se trasladaron a vivir a una casa en la zona de Málaga conocida como Bellavista, en el número 47 –actual Pintor Sorolla-, donde José, fiel a su espíritu comercial, instaló una incubadora en el jardín de la casa, con el doble objetivo de proveerse de pollos y huevos y ganar dinero con su venta y mejorar la renta familiar por poco que fuese.
Fueron años duros para los españoles, de carencias y hambres y en el
caso de José pasar por la experiencia de verse en una situación económica
difícil y con once hijos cuando pocos años antes nadaba en la abundancia y
habiendo nacido en ella, teniendo que estar a las órdenes de un jefe cuando
jamás tuvo ninguno. En fin, una muestra de lo que es el destino de una persona,
que es Dios quien lo marca.
El
8 de Diciembre de 1954, representó a su hijo José Antonio en su boda con María
del Carmen Fernández Gómez, boda que tuvo lugar en la Parroquia de Santiago
Apóstol, de Málaga. Fueron los padrinos Antonio Fernández Azúa, padre de la
novia, y Agustina de Zuzuarregui y de Sotto-Clonard, madre del novio. Fueron
testigos Manuel Fernández Azúa, Enrique Fernández Gómez, José Flores Gómez,
Antonio León y Donaire, Rafael de Laguno de Zuzuarregui y Joaquín Almagro
Aldana (8)
Falleció de una estenogia mitral el 4 de Noviembre de 1958, en su
domicilio, siendo enterrado en el cementerio de San Miguel, de la capital, y,
posteriormente, trasladados sus restos al nuevo cementerio de Málaga, donde
reposan junto a los de su mujer, que falleció en 1988.
Sus padres eran Paulino de Laguno Garachana e Isabel Cañas Borges.
Sus abuelos paternos eran Santos de Laguno Gándara y María Garachana de
la Macorra. Sus abuelos maternos eran
Eduardo Cañas Requena y Úrsula Borges Navarro.
Tuvo una hermana, Paulina.
Tuvo once hijos: Isabel, María, Josefina, Gonzalo, Mercedes, José
Antonio, Javier, Rafael, María Teresa, Margarita y Marta. Sus yernos y nueras
fueron: José Luis O´Donell Lara, Genoveva Castaños Barragán, Julio Rodríguez, María
Fernández, Esperanza Oviedo Orellana, Enriqueta Gorría Segalerva, Juan
Lorenzo-Cáceres Hernández, Joaquín Almagro Aldana y Pedro Cerdán.
Tuvo cuarenta y cinco nietos, aunque no los conoció a todos
Agustina de Zuzuarregui y de
Sotto-Clonard
Nació en Madrid, el 25 de Octubre de 1892, a las veinte horas y treinta
minutos de la mañana, en la casa de sus padres, calle de Leganitos 28, 2º piso,
y fue bautizada el 30 de Octubre de ese mismo año, por el Párroco Benigno de
Cafranga y de Pando, en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Madrid. Fueron
sus padrinos D. Carlos López y Llaseras, en cuyo nombre y representación lo
hizo D. Isidoro de Codes y García, y Dª. María de la Consolación Delgado
Aguilar; y como testigos D. Alfonso de Sotto - Clonard Aguilar y D. Julio
García del Busto (1)
Era hija de Oficial de Caballería y de condesa, viviendo, por ello,
durante su infancia y juventud en el entorno del Palacio Real y la Corte,
perteneciendo a la aristocracia de Madrid, dado que, además, su abuelo era el
conde de Clonard. Estudió en el colegio de las monjas del Sagrado Corazón,
conocidas como las Monjas Francesas, colegio situado en la calle de los Reyes,
de Madrid, y donde aparte de adquirir una excelente caligrafía, aprendió a
hablar y escribir el francés a la perfección. Estuvo en el colegio en régimen
de mediopensionista. Cuando joven era romántica, soñadora y apasionada, con una
imaginación y creatividad que la acompañaría hasta su muerte.
Como mujer culta que era, no faltaba a la cita del teatro -tradicional
en su familia-, de la ópera y de la zarzuela, y dado su condición aristocrática
se desenvolvía en ese ambiente, donde de la mano de Fernando de Borbón, un
militar, conoció a José de Laguno Cañas, un cubano que vivía en Madrid y que trabajaba
en la sección de Extranjería del Banco Hispano Americano, que frecuentaba los mismos ambientes que ella y
además tenía una moto BSA en la que la llevaba por Madrid a escondidas de su
padre. El flechazo fue total y tras un romántico noviazgo, casó con José el 5
de Mayo de 1916, en la Parroquia de San Manuel y San Benito, yendo a hacer el
viaje de novios por España (2)
Cuando estuvo en Baracoa, visitando a la familia de José y vendiendo las
propiedades y negocios de éste allí, le sucedieron una serie de sucesos propios
del desconocimiento de los hábitos, costumbres e idiosincrasia del lugar, amen
de anécdotas que si bien en su momento pudieron inquietarla, luego lo contaba
con jocosidad. Ejemplo de esto, pueden ser cuando una vez asistió a una fiesta
para ser presentada a la sociedad de Baracoa y, claro, debió comer y beber;
pues bien, en una de las bandejas con canapés que le presentaron, estos estaban
hechos a base de un paté que le gustó bastante y del que comió varios. Cuando
tuvo la oportunidad, preguntó que de qué estaban hechos y le dijeron que luego
vendría el cocinero a decírselo; efectivamente, cuando terminó la fiesta vino
el cocinero a decírselo y la receta era que el paté era a base de carne
de…serpiente.
En
otra ocasión, estando en la casa de la familia, ponderó la exquisitez del café,
preguntando que como lo preparaban que les salía tan exquisito,
respondiéndosele que ello era debido a la pureza del agua, a la calidad del
café y a la manga que usaba la mujer que lo hacía, la cual usaba como tal un
calcetín de su difunto esposo.
Fueran bromas o fueran veras, siguió el consejo de su madre, el cual era
que se comportara como mujer cosmopolita, que probara las cosas para conocerlas
y aprender y que se dejara de preguntar tanto, con lo cual se evitaría
sobresaltos innecesarios.
Es
bastante probable, y tenemos pruebas que nos hacen pensar así, que en el año de
1926 participara en el III Congreso Eucarístico Nacional, celebrado en Toledo,
aunque tenemos la duda si fue ella o su madre.
Como dijimos antes, a finales de Septiembre o
primeros de Octubre de 1927 embarcó junto a su marido y sus siete hijos para
Cuba, pues habían decidido vender las propiedades que allí tenían,
encontrándose, entre otras cosas, con que el administrador que José había
nombrado para gestionar sus negocios, D. Pedro Mendoza, lo había hecho bastante
mal, quedándose, incluso, con parte del dinero que administraba. Allí le nació
su octavo hijo: Rafael.
El
9 de Agosto de 1929, a bordo del “York” y
procedentes de Cuba, desembarca junto con su marido e hijos en el puerto de El
Musel, en Gijón (3) Tras este desembarco se dirigieron a
Madrid para resolver asuntos, encaminándose luego a Burjasot, Valencia, donde
estuvieron residiendo alrededor de dos años, aunque no sabemos porqué.
Durante el tiempo que residieron en Burjasot y debido al gran interés y
destreza que sus hijas Isabel, María y Josefina demostraban por el dibujo
-afición heredada de su abuelo materno-, las puso Agustina a estudiar dibujo y
pintura con el pintor Juan Belda, destacado discípulo que fue de Joaquín
Sorolla.
En
el desarrollo de su marido ya hemos contado todo el proceso desde que llegaron
a España en el 29 hasta la instalación del hotel, pasando por la inversión del
capital en la Azucarera Hispania, el cultivo de caña en la finca, la caída de
las acciones y del precio del azúcar y de la rápida decisión de montar el
susodicho hotel.
Fue un gran hotel, que siempre estuvo lleno de clientela, en el que
ganaron, aparte de dinero, un gran prestigio, tanto por los servicios que el
hotel prestaba como por el trato ameno, familiar y culto que en el se
respiraba, aparte de no perder de vista la situación política de España y así,
como gente de derechas y de ideología mas bien carlista y contrarios a la
actuación y forma de gobernar del Gobierno de España, a resultas de un complot
que pocos días antes hubo -desconocemos de que se trataba el complot- y con
motivo de ello, envió junto con su marido y su hermano, un telegrama a Madrid
-tampoco sabemos a quién- y por el cual telegrama, les impuso el Gobernador
Civil de Málaga una multa a cada uno de ellos de 250 pesetas, pues consideraba
que se vertían frases injuriosas contra el Gobierno. Esta familia estaba
considerada como “destacados elementos de la derecha” (4)
Lamentablemente el negocio se vio truncado por culpa de la Guerra Civil,
durante la cual pasaron momentos de angustia, miedo, terror y hambre, debido a
que los milicianos comunistas tenían apostados francotiradores con orden de
disparar a quien saliera de la finca donde se hallaba el hotel, sometiendo a la
familia a un bloqueo y que fallecieran de hambre. Sufrieron siete meses que
podríamos llamar de sitio, comiendo por un lado de la caridad de los pescadores
y vecinos, que les arrojaban paquetes con comida por encima de las tapias de la
finca y por otro lado, a resultas de que un jefe político que en Marbella había
y que conocía a José, le ordenó que custodiara en el hotel una cierta cantidad
de sacos con garbanzos, lentejas, habas y harina y con la amenaza de que no
faltara ni un solo saco, pues de lo contrario lo iban a pasar mal, como si ya
no lo estuvieran pasando, además de la mala intención de hacerles custodiarlos.
Ello no fue óbice para que los sacos fueran en muchas ocasiones abiertos,
cogidas determinadas cantidades y vueltos a coser, de manera que, apartando los
gusanos, había días que comían eso, que con lo que les echaban por encima de
las tapias iban tirando, penosamente,
pero tirando. La consecuencia era que
hijos y padres acabaron famélicos, y había niños con menos de cinco
años.
Otra cosa que ocurría era que cada cierto tiempo entraban en la finca
milicianos a crear un rato de miedo a la familia, debiendo mandar Agustina a
sus cuatro hijas mayores que se escondieran en el pozo para evitar ser violadas
por esos individuos, pues la primera vez que vinieron ya metieron miedo con ese
tema.
También y para seguir infundiendo miedo, tenían la costumbre de mandar a
grupos de jóvenes cantando canciones contra ellos, canciones que hablaba de
muerte y cuyo objetivo era amedrentar y aterrorizar un poco mas a los “fachas”, los cuales no eran mas que una
familia que había invertido su dinero en Marbella y contratado personal del
pueblo, siendo, además, él, cubano, ajeno a la política de España.
En
fin, en 1937 las tropas de Franco entraron en Marbella, comenzando una nueva
etapa en la historia del pueblo bajo la dictadura de aquel.
Según nos contó su nuera Esperanza Oviedo Orellana, era Agustina una
mujer muy culta e inteligente, cosmopolita y decidida, escritora de al menos
doce obras literarias, novela y poesía, que son las siguientes:
Cuentos
El
velo
En la
sombra de los carrascales
Tres
nombres para una mujer
En
las doradas playas
Encuentro
en la tumba
Poesía
Cita
en los arrecifes
Vendaval
de una vida
Nuestra
hija es nuestra
El
consejo de un labriego
Pensamientos
en rima (poesía),
éste último impreso en la antigua imprenta Corcelles-La Española, sita en la calle
Sánchez Pastor de Málaga, conociéndose en el la sensibilidad de su espíritu,
tocando muy diferentes temas, dedicando poesías a su perro “Lon”, a una borrica
que en la huerta de San Ramón tenían, llamada “Tranquila” o al miedo que
sentían durante el sitio al que fueron sometidos durante meses en la dicha
finca.
Además, dice Esperanza, era una gran conversadora y narradora, que nunca
hizo alarde de su origen aristocrático, pero que supo transmitirlo con gran
inteligencia, discreción y naturalidad a sus hijos, procurando diluirlo en la
conversación y trato, como si de un mensaje subliminal se tratara. De ahí que
Esperanza hablara de su habilidad dialéctica y su saber penetrar en su
interlocutor.
También admiraba Esperanza la valentía y la decisión con que Agustina
afrontó la posguerra, no arredrándose ante la adversidad, antes al contrario,
sacando fuerzas de ella, conociéndose ahí el arraigo que en su espíritu y su
ánimo tenían los valores cristianos, no siendo rencorosa con quienes pudiendo
haberla ayudado en aquellos momentos difíciles le volvieron la espalda “y ahí te pudras”.
Posteriormente ha habido calumniadores que han propalado -y en algunos
casos lo han conseguido- la especie de que Esperanza intentó separar a sus
hijos de su abuela, cosa diametralmente opuesta a la realidad, pues Esperanza,
a pesar de las circunstancias, jamás malquistó a sus hijos con la abuela: sus
hijos ya eran mayorcitos y se movían ellos solos.
En
Julio de 1952 participó con 210 pesetas en una colecta pro Seminario de Málaga (5)
El
30 de Marzo de 1959, pidió a Dª Rosa Segalerva, viuda de Gorría, la mano de su
hija Enriqueta para su hijo Rafael (6)
El 9
de Junio de 1962 formalizó ante el Notario Don Jose Manuel Ávila Plá y en
nombre de su hijo Javier, la compra de la finca edificada en la calle de
Antonio Trueba, número 4, a Don Carlos Pérez Salcedo por un importe de 325.000
pesetas, entregando en el momento de la firma 200.000 pesetas. La finca tenía
una superficie de 162, 50 metros cuadrados.
El
2 de Mayo de 1963 le fue pedida por parte de los señores de Cerdán, la mano de
su hija Marta para casarla con su hijo Pedro, celebrándose la dicha boda a
finales de Junio o a primeros de Julio, en la Parroquia de San Miguel de
Miramar. Actuaron como padrinos el padre de el, Pedro Cerdán Saéz y la madre de
la novia; como testigos actuaron, por parte de la novia sus hermanos Gonzalo,
Jose Antonio y Rafael, sus cuñados Julio, Joaquín y Juan y, además, Manuel
Codiez y el Cónsul de Brasil Raul Vachias. Por parte del novio actuaron como
testigos Alfonso y Francisco Cerdán Sáez y Áureo Gómez Arias, tíos, sus
hermanos Alfonso y Jose Luis, sus primos Víctor Gregorio Pérez Cerdán y José
Alfonso Cerdán Duelo y, además, Pedro Meroño Meroño y Martín Gómez Murcia. La
representación judicial la ostentó el abogado José Díaz Gómez, primo del novio.
Tras la ceremonia religiosa, los contrayentes y sus familias obsequiaron a los
invitados en el Club Mediterráneo, tras lo cual y después de pasar unos días en
la Costa del Sol, los novios continuaron su luna de miel en Palma de Mallorca (7)
Fue Agustina una persona muy prudente, gran señora, orgullosa de sus
orígenes, de ser quien era y del legado que dejaba; profundamente católica, fe
que supo transmitir a sus hijos y nietos.
Falleció a los 96 años en su domicilio de Pintor Sorolla, 47, de un
edema pulmonar agudo. Sus restos reposan en un nicho del cementerio de Los
Asperones, de Málaga, junto con los de su marido, en la zona 2, patio 4, bloque
3, fila 3, número 6572 (8)
Con ella podemos decir que muere un ciclo de la historia familiar y, de
alguna, manera, de la Historia de España. Los demás, incluidos sus hijos,
formamos parte de otra página de la Historia de España, íntimamente ligada a su
página, pero ya otra.
Era hija de Antonio de Zuzuarregui Flórez-Varela y de María Ángeles de
Sotto-Clonard Aguilar.
Sus abuelos paternos eran José Antonio de Zuzuarregui Delgado y Ventura
Flórez-Varela Gálvez. Sus abuelos maternos eran Raimundo de Sotto Campuzano y
Agustina Aguilar Guillelmi.
Tuvo dos hermanos: Antonio y José.
Tuvo once hijos:
Isabel, María, Josefina, Gonzalo, Mercedes, José Antonio, Javier, Rafael,
María Teresa, Margarita y Marta. Sus yernos
y nueras fueron: José Luis O´Donnell Lara, Genoveva Castaños, Julio Rodríguez,
María Fernández, Esperanza Oviedo Orellana, Enriqueta Gorría Segalerva, Juan
Lorenzo-Cáceres, Joaquín Almagro Aldana y Pedro Cerdán Gómez. Tuvo un hijo más,
pero que nació muerto.
Tuvo cuarenta y cinco nietos y varios bisnietos.
Sobre su hermano José, como ya se ha dicho anteriormente, fue concejal
del Ayuntamiento de Marbella por el partido Acción Popular, el cual contaba con
el apoyo de periódicos como El Debate
y La Unión Mercantil, que era el
órgano del partido en Málaga, y grupos
afines como Acción Católica.
En
esos años de su concejalía -entre 1931 y 1935- la juventud católica estuvo
dirigida por el y por el párroco Juan Vera Medialdea. Así mismo, la oposición
que José desarrollaba en el Ayuntamiento- y que ejercía gran influencia en los
medios conservadores y círculos católicos de la ciudad- se centraba sobre todo
en la gestión política del municipio a través de la Comisión Municipal,
denunciando reiteradamente, como jurista que era, las irregularidades
administrativas del Ayuntamiento (9)
Para las elecciones de 1936 ya no se hallaba en Marbella y creemos que
probablemente se encontraría en Madrid, donde seguramente haría más falta al
partido, tanto por sus conocimientos de leyes como por su gran integración en
los círculos aristocráticos y de la alta burguesía. Desgraciadamente para el,
fue detenido por los comunistas de Santiago Carrillo y confinado en la cárcel
de Porlier, de donde salió junto a muchos otros detenidos y conducido a
Paracuellos del Jarama, donde fue vilmente asesinado por los comunistas entre
el 5 y el 7 de Noviembre de 1936.

