miércoles, 8 de junio de 2011

Breve Biografía del Ilustrísimo. Sr. Don Antonio de Zuzuarregui y Flórez - Varela. Militar y Pintor (1859 – 1922) © ®

ATENCIÓN:
El presente texto biográfico, así como todos los expuestos en este blog, están convenientemente inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual de la Junta de Andalucía.

3º Capítulo: El Militar (2ª Parte: Cuba)


1896:

    Su primera toma de contacto con la guerra fue el nueve de Junio, en el lugar denominado Concha Álvarez, cuando cargando con su escuadrón consiguió poner en desbandada al enemigo a la vez que le hizo cuatro muertos y ningún herido, tras lo cual continuó recorriendo la comarca en busca de enemigos, a los cuales halló el día once en el ingenio El tesoro, haciéndoles cuatro bajas; el siguiente día, en el ingenio Mi Rosa, donde aparte de causarle dos bajas al enemigo, le cogieron los caballos y el armamento, persiguiéndolos hasta el lugar llamado El Refugio, donde el día siguiente le hicieron dos muertos, un prisionero, los dispersaron y se incautaron armamento y cinco caballos, con todo lo cual continuó la persecución hasta un lugar llamado Las Delicias, donde los alcanzaron, batieron a seis enemigos y les cogieron armamento y caballos.
   Tras estos hechos continuaron buscando partidas de rebeldes por amplias zonas de la comarca, hasta que el día veinte, en San Roque dieron con la partida del cabecilla Arca, al que causaron un muerto y dos heridos, logrando desalojarlos del lugar que dominaban, haciéndose con el control del lugar, permaneciendo de vigilancia y rastreo de enemigos hasta que lograron localizar una partida a la cual alcanzaron, hostigaron  y dieron caza el dos de Julio en el lugar de Potrero Guayabas, donde tras la refriega el enemigo sufrió trece bajas y perdió igual número de caballos, que fueron capturados por los hombres de Antonio, de los cuales solo uno resultó herido. Asimismo al asaltar su abandonado campamento se les cogió armamento, munición, caballos, monturas y demás pertrechos de guerra. Por esta acción recibió Antonio la Cruz de primera clase del Mérito Militar.
   No apartó el deslumbre del éxito a Antonio de sus deberes y con mas ahínco aún, se lanzó seguido de sus hombres en persecución y desactivación de las partidas rebeldes que hostigaban las posiciones españolas dificultando los suministros y, así, el siete de Julio, en San Francisco les causó dieciséis muertos y les cogió caballos, monturas y armamento; el siguiente nueve, en Las delicias, alcanzó y se dio muerte al denominado “recaudador de los insurrectos”, Francisco Camacho, desbaratándoles así, de momento, el poder obtener dinero; el diez, de nuevo en San Francisco, se enfrentaron a la partida de Zayas, al que, tras un vivo fuego se consiguió vencer, haciéndoseles quince muertos, perdiendo Antonio de los suyos al Teniente Policarpo López Marroquí y a dos bravos soldados; el día dieciséis, en Teneguise, se dio un golpe de mano, a resultas del cual mataron a cuatro rebeldes, se hicieron diez prisioneros y se consiguieron siete caballos y alimentos, los cuales fueron muy bien recibidos; posteriormente continuó de operaciones de la siguiente manera: el veinticinco en San Millán, el veintiocho en La Paz, en El Cristo el treinta, en La purísima el cuatro de Agosto, en Alguiraz el diez de ese mes y así, batiendo el terreno, hasta el día treinta y uno de Octubre, fecha en la que cayó enfermo de fiebre amarilla, que le tuvo postrado hasta sobre el veinte de Diciembre que, gracias a su gran fortaleza física y a los cuidados médicos, empezó a estar en activo, de tal manera que para el veinticinco, día de Navidad, se incorpora a las acciones bélicas que se estaban desarrollando en Santiago de las Vegas, lugar donde le pilló el fin de año y primeros del siguiente 1897. No obstante la resolución favorable de su enfermedad, la fiebre amarilla le dejó como “recuerdo” la pérdida de un par de piezas dentales.

Durante la Campaña de Cuba - 1897

1897:

  Este año se lo pasó de operaciones por la comarca de Malena del Sur y por la provincia de La Habana, haciendo reconocimientos diarios, sosteniendo encuentros con el enemigo, a veces por acometida de estos, a veces provocados por su escuadrón, permaneciendo acampado durante días en esas zonas y procurando infligirle el mayor daño al enemigo, a sus vías de aprovisionamiento y destruyéndoles cuantos recursos pudieran servirles de ayuda, apoderándose de un hospital de sangre o destruyéndoles cuantas sitierías encontraba en sus marchas de reconocimiento, deambulando por entre montes y marañales, quebradas y barrizales.
   Otras veces practicaba con su escuadrón reconocimientos por la parte sur de la vía férrea que unía Guara con Guaínez o sostenía encuentros, a veces muy encarnizados, con las partidas de los
cabecillas rebeldes, como el denominado General Adolfo Castillo Hernández, con Palacios y con Acosta,
 encuentros que solían terminar con el desalojo de estos rebeldes de sus posiciones, dispersándolos, haciéndoles numerosas bajas y cogiéndoles el material de guerra y de intendencia. En estas operaciones hizo su escuadrón bastantes prisioneros.
   Continuó sus operaciones de acuerdo con las órdenes recibidas de su  Teniente Coronel, sosteniendo duros combates con cabecillas tales como el antes mencionado Adolfo Castillo, al que tras un golpe de mano logró hacer prisionero y entregarlo a las autoridades militares.
   Era Antonio, como militar, amante del riesgo, llevando tanto de día como de noche a sus hombres contra el enemigo aun en las situaciones más complicadas, aunque ello no era óbice para que se mostrara prudente en los momentos de mayor peligro.
   Era de sobra reconocida su capacidad para el mando, siendo su preocupación constante el que sus hombres  no carecieran en ningún momento de víveres, impedimenta o pertrechos militares. Lograba que los hombres a su mando le fueran obedientes, aunque para ello tuviera que ser severo en el castigo e infundir cierto temor, cosa que, posteriormente, le granjeó antipatías y ciertos problemas. Era decidido en las acciones, atacando al enemigo anticipándosele y evitando que éste le sorprendiera reforzando la importancia de las guardias y disponiéndoles adecuadamente en el campo de batalla y que atacaran al enemigo sin tardanza, arrojándosele el escuadrón como si de un solo hombre se tratara, y por su manera de ejercer el mando, su capacidad a la hora de aplicar las tácticas y técnicas aprendidas y por las acciones realizadas con éxito hasta la fecha, recibió como premio la felicitación por parte de sus superiores, los cuales manifestaron públicamente el reconocimiento a su valor, su arrojo y al saber emplear positivamente sus conocimientos militares. Además, fue recompensado con la Cruz al Mérito Militar de primera clase roja pensionada, tras lo cual, y en cumplimiento de las órdenes recibidas, continuó prestando el servicio, sosteniendo encuentros con el enemigo, hasta que el trece de Noviembre de ese año de 1897 se ordena su repatriación a la Península, a la vez que por disposición del E. S. General en Jefe, de fecha diez de Noviembre, se le concede la Cruz de María Cristina, por los méritos contraídos hasta la fecha.
   Debido a ciertos problemas de índole económicos, fue cesado en el mando del Segundo Escuadrón el siguiente dos de Diciembre, hasta que se le expide pasaporte de regreso a la Península el veintinueve de Enero de 1898, embarca el veintiocho de Febrero en La Habana a bordo del vapor - correo “Montevideo” y desembarca en Cádiz el dieciséis de Marzo, fijando su residencia en Madrid hasta fin de Junio, que por Real Orden de quince del mismo se le nombra profesor del Colegio de Huérfanos de Militares de Guadalajara, ciudad en donde finó el año.
   El veintiuno de Enero de 1899 se le nombra profesor de dibujo de S. M. el Rey, pero no llegó a serlo pues al día siguiente se revoca el nombramiento y ello por un motivo que ahora se contará.
   El siguiente año lo pasa en Guadalajara, ciudad donde se le concede el veinticinco de Junio la Medalla Conmemorativa de la Campaña de Cuba, alegrándose por ello, pero el nueve de Julio recibe la orden de presentarse en Madrid para ponerse a disposición del Juez Instructor de la causa que se  va a seguir contra él por el delito de insulto a un superior. Para colmo de males, ese mismo año se le muere su hijo Antonio.
   ¿Y porqué? Como hemos dicho antes, en Enero del 89 se le nombra Profesor de Dibujo del Rey, nombramiento que quedó sin efecto debido a que el Teniente Coronel Juan Nieulant, marqués de Sotomayor y Ayudante de Órdenes del Cuarto Militar de S. M., habiéndose enterado de que se propuso a Antonio para dicho cargo y habiendo oído opiniones desfavorables acerca de el, solicitó un informe al Teniente Coronel José Zabálza Iturriría, Jefe de Antonio en el Regimiento “Villaviciosa” durante la Campaña de Cuba, carta nada favorable para Antonio, pues se hablaba de la mala administración del dinero que recibió para compra de víveres y todo tipo de material, que no justificó los gastos y que a pesar de que con motivo de su buena conducta hasta entonces le facilitó de Caja 500 duros para pagar, aún así siguió sin justificar los gastos, de modo que se vio obligado a quitarle el mando del Escuadrón y mandarlo arrestado a la Plana Mayor, donde debía dar explicaciones. Esta carta fue transmitida al  Brigadier Aguirre de Tejada, Segundo Jefe de Estudios de S. M., el cual tras leer la carta decidió dejar sin efecto el nombramiento.
   Enterado Antonio del motivo de la suspensión del nombramiento, escribe el 28 de Marzo de 1899 carta al Teniente Coronel Zabalza en la que le dice que se le deja sin el puesto debido a los malos informes que sobre su honradez y como Oficial había dado acerca de el, que siempre había sido honrado y caballero y que no podía dejar que su nombre fuese desprestigiado, que en Cuba se comportó valientemente como soldado y honrado como administrador del dinero del Escuadrón y que de todo lo que le acusaba trataría de justificarlo con las pruebas y documentos que estaban en su poder y que por ello le escribía al objeto de poner en claro las causas que habían motivado el juicio desfavorable que de el tenía. En la carta le desgranaba los sucesos contables motivo de los malos informes, dando explicación de cada uno de ellos, cómo y quien daba los dineros y hacía las anotaciones de los gastos, y que debido ha haber estado enfermo de vómitos en Diciembre, al incorporarse en el mes de Enero y leérseles a los Capitanes la inversión del dinero recibido y la devolución del sobrante, resultó que faltaba el suyo por ingresar en Caja, poniéndolo de su bolsillo, es decir, pagándolo dos veces con tal de que no se dudase de su honradez. Además, durante su enfermedad se recompusieron veintitrés sables y diez pares de espuelas de lo que supuestamente abonaba la mitad el Ejército, de manera que al presentar la cuenta en Caja el maestro armero no se la admitieron, por lo que tuvo el que abonar ochenta y nueve pesos de su bolsillo. Que había recibos del dinero que entregó a un Teniente para la compra en La Habana de prendas de equipo y correajes, de los cepillos de raíz y veintinueve cabezadas de cuadra que encargó, la recomposición de las monturas del Escuadrón, comida para los soldados y otras cosas más, todo pagado y justificado, habiéndose tomado gran interés por tener arreglado y en buen estado su Escuadrón, y que no solo no se había quedado con nada, sino que le había costado el dinero.
   Al parecer, el Teniente Coronel en su carta, mencionaba que Antonio tenía un dinero en Pinar del Río, Cuba, lo cual no era cierto, sólo que su madre, por herencia de sus padres, tenía numerosos censos en San Antonio de los Baños, Guanayay y otros términos y que aprovechando su estancia en Cuba le mandó un poder judicial para arreglarlos, cobrar todo lo que pudiera y sustituir al anterior Administrador por otro.
   Le decía Antonio en su carta, que podría tener mayor o menor capacidad para el mando, pero de ahí a quedarse con un céntimo que no fuera legítimamente suyo había una gran distancia y que pensaba que el Teniente Coronel podía haber sufrido un error con respecto a su conducta por no haberlo aclarado antes. Con esto quedaba a la espera de su contestación.
   Se consideraba Antonio, a su concepto, en muy mal lugar, llegando la noticia hasta el mismo Trono, poniendo en alarma a las Augusta Personas como si de un delincuente se tratase, lo que le había colocado en una situación insostenible y llena de vergüenza, dado que ese baldón, que manchaba su nombre y expediente, fue el motivo de ser destituido del cargo de Profesor del Rey.
   Pero como resultó que llamado por el Brigadier Aguirre para notificarle su destitución por causa de la carta que Zabalza envió, carta que revestía carácter de correspondencia particular, se enteró que dicha epístola circuló por diversas manos, constituyendo eso una terrible ofensa para el orgullo y la dignidad de nuestro hombre, produciéndole sufrimientos en el orden moral, materiales en relación a su carrera y por el frenazo que suponía en el prestigio de su empleo y nombre.
   El caso es que se quedó sin el empleo de profesor de dibujo del Rey y, con un sentimiento de humillación tremendo, estuvo rumiando que hacer durante meses, hasta que el 18 de Junio del año siguiente -1900- escribe otra carta al Teniente Coronel Zabalza, pero esta  vez en unos términos tremendos, donde aparte de llamarlo cobarde le escribe una serie de conceptos ofensivos, tanto en su papel de Oficial del Ejército como en el plano personal. Inmediatamente el Teniente Coronel, que recibió la carta el siguiente día 21, denunció los hechos y ahí comienza el calvario de Antonio, que termina ingresando en prisión. 


Autorretrato. Madrid, aprox. 1901
  Tras tomarle el Juez Instructor declaración el nueve de Julio de 1900 al Teniente Coronel Zabalza, es llamado Antonio a declarar, cosa que hace el día diecisiete de ese mes, tras lo cual, el Juez Instructor determinó que se constituyera en prisión atenuada, quedando arrestado durante seis días en su domicilio, mientras prestaban declaración el Teniente Coronel Juan de Nieulant, el Brigadier Patricio Aguirre de Tejada y otras personas, determinándose que se debía formar un Consejo de Guerra de Señores Generales por insulto a superior, para lo cual el día veintidós de Septiembre nombra por su Abogado defensor a Francisco de Francisco y Díaz, Capitán de Caballería y amigo suyo, con lo que el siguiente día veinticuatro comienzan las sesiones previas, terminadas el día siguiente, y pasándose  a elevar los autos a la autoridad judicial para que se celebrara el Consejo de Guerra de Señores Generales.
   Antes de que el Consejo de Guerra comenzase,  el Juez Instructor opinó que debía aplicársele a Antonio la pena en su grado mínimo, en atención a una serie de circunstancias, tales como haber sufrido un arrebato producto de disgustos y vejaciones y a que era una persona educada, de ilustre familia y de nombre intachable, incapaz, en condiciones normales, de obrar como lo hizo.
   El veintinueve de Octubre comienza el Consejo de Guerra, a las nueve y media de la mañana, en el cual no estuvo presente y donde el Abogado defensor intentó por todos los medios salvarlo del castigo, pero sin conseguirlo, porque el veintidós de Noviembre se aprueba el fallo de la sentencia y el veintinueve se le comunica esta: seis meses y un día de prisión. El cinco de Diciembre se decreta que la cumpla en las Prisiones Militares de San Francisco, en Madrid, ingresando en ellas el siguiente día seis. Por lo menos de los cargos de malversación de fondos quedó absuelto, pues pudo demostrar su completa inocencia y buena gestión de los dineros del Ejército.

   Como anécdota ocurrida durante el tiempo que pasó en la prisión militar, podemos decir que el veinte de Mayo de 1901, pronto ya a salir de ella, realizó una visita pastoral a la prisión el Señor Obispo de Sión, Provicario General Castrense, que celebró una misa en el patio del edificio y compartió el almuerzo con ellos. Durante el almuerzo se leyó, por medio de un soldado, un testimonio de agradecimiento a su visita y una loa al cristianismo. Pues bien, el almuerzo fue servido por señoras y señoritas familiares de los internos, entre las que se hallaba la mujer de Antonio, Maria de los Ángeles.

Fernando de Laguno Oviedo
Málaga