miércoles, 30 de junio de 2010

CÓRDOBA Y CUATRO JORNADAS MÁS©®

Fernando José de Laguno Oviedo



1-CÓRDOBA

Granada, a 18 de Abril de 1995

    
Estimado Abdul ibn Muntasir ibn Abdelaziz,


desde la Torre del Homenaje de la Alhambra, contemplando a un lado la Sierra Nevada -este año escasa de nieve, hágase la voluntad de Alá- y al otro la blanca mancha que es el hermoso barrio que es el Albaicín, te escribo estas líneas para narrarte el viaje que junto a mi mujer realizamos a la capital del añorado y para siempre perdido Califato cordobés, a Córdoba la Sultana.
Lo preparamos a primeros del mes de Enero y lo realizamos durante las solemnes celebraciones cristianas de la Semana Santa, en los días por ellos denominados Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección.
Al principio nos parecía que faltaba mucho tiempo para partir, tal era nuestra emoción por emprender tan hermoso viaje, pero como Alá es grande, mantiene nuestras mentes ocupadas en los quehaceres diarios y cuando quisimos darnos cuenta ya estábamos en las tan deseadas fechas, de modo que el Jueves Santo partíamos a las ocho y veinte de la mañana rumbo a Córdoba.
El viaje lo realizamos muy tranquilamente, contemplando el paisaje, hablando, escuchando música y parando una vez en Aguilar de la Frontera para tomar un café y donde Rosa compró una cinta de casete y cogió unos folletos con motivos taurinos para su hermano, tras lo cual retomamos el camino, ya sin paradas.
Para llegar al hostal en el que teníamos reservada la habitación no tuvimos ningún problema, pues entre que estábamos en el camino adecuado y un par de preguntas nos plantamos la mar de bien en la misma puerta del hostal, aparcando el coche justo delantito mismo, como suele ser mi costumbre, entrar, coger la llave de la habitación, dejar las cosas, distribuir el equipaje y salir corriendo a tomar posesión de la ciudad plano en mano, claro está, con lo que enfilamos nuestros pasos por la plaza del Corazón de María, en donde hay un convento trinitario y cuya iglesia entramos a verla el día siguiente. Seguimos por la calle de María Auxiliadora hasta que llegamos a la plaza de San Lorenzo, donde está la iglesia del mismo nombre, de estilo gótico y la entrada una especie de soportal con cuatro columnas que forman tres arcos en el frente y uno en cada lado, tras lo cual se haya la puerta ojival de piedra. A cada lado un ventanuco. Por dentro es pequeña, de tres cuerpos separados por columnas y al fondo el ábside con una ventana en lo alto. La fachada principal tiene un rosetón muy floreado y dos ventanuquillos debajo de el, además de otro mas pequeño que a la derecha se ve, a modo de ventana. La torre es de tres cuerpos, el primero de cuando hicieron la iglesia; el segundo y el tercero, que son donde están las campanas, son posteriores de estilo arquitectónico diferente.
Como estábamos en la Semana Santa y de esta iglesia parece ser que salían varias cofradías o varios tronos, estos estaban armados dentro, por entre los cuales deambulaba la gente que los contemplaba, molestando a los fieles que allí se encontraban orando, de modo que Rosa y yo decidimos salir para no importunar a estos, ya podríamos volver en otro momento.
Delante del templo hay un jardincito con bancos para sentarse y una fuente.
Bueno, tras la visita continuamos nuestro deambular por calles blancas llenas de tiendas, tabernas, estancos, casas particulares, entradas a garajes, bocacalles, etc. Pasamos por Santa María de Gracia, plaza del realejo, Realejo, plaza de San Andrés, con la iglesia del mismo nombre y en la que también había gente en cantidad, bien orando bien contemplando imágenes y el altar mayor, que creo recordar era de estilo barroco.
Seguimos nuestro camino por la calle de San Pablo, viendo a nuestra izquierda primero la fachada de la casa de los Villalón, con un bonito balcón esquinero y con una columna en medio, y después la iglesia de San Pablo. Continuamos por la calle de Alfonso XIII, pasando junto al Círcuo de la Amistad
-el casino-, de estilo sobrio, y meternos por la calle de Capuchinas, rodear la plaza de San Miguel, con la iglesia de su mismo nombre y al salir por la calleja de Barqueros nos paramos a tomarnos un "medio" o copa de fino en un barecito de los muchos que hay.
Por fin llegamos a la plaza de Las Tendillas, que viene a ser como nuestra plaza de la Constitución, y en la que hay una estatua ecuestre del Gran Capitán, haciéndome Rosa una foto allí. En esta plaza hay unos cuantos edificios elegantes que me imagino deben ser de finales del s. XIX o principios de XX, mas alguno de la época franquista. Aquí hay muchas tiendas, cafeterías con terraza, quioscos y nueve calles que de ella parten o a ella confluyen, de las cuales una se llama Málaga y otra Jesús y María, que fue por donde bajamos hacia la Judería, pasando cabe el Conservatorio de Música, siguiendo por las calles de Ángel Saavedra y de Belmonte hasta llegar a la Judería. Ya todo son casas blancas con las puertas entreabiertas, dejando ver o entrever los patios, famosos en toda Europa: patios grandes y pequeños, con columnas y arcos o sin ellos, con bustos o pedestales, fuentes o surtidores, con azulejos o sin ellos, enlosados o con partes de tierra apelmazada, y como común denominador a todos ellos, las flores: flores en las paredes, sobre el brocal del pozo, en el suelo, junto a la puerta, en los pretiles de las ventanas o colgando de un cañizo junto a la enredadera o saliendo de entre ella, flores en el pelo de la niña bonita que juega con su perrito a la luz del sol,…flores, flores, flores, rojas, blancas, rosas, violetas, celestes o añil oliendo a primavera en la mañana cordobesa.
Algunos patios son majestuosos, con bustos de antiguos próceres o filósofos; escudos heráldicos labrados en la piedra de la fachada de las casas; alguna columna partida en degradación, de mármol, piedra o alabastro, sabe Alá de que villa romana procedente; alguna hornacina votiva con María, Jesucristo o el arcángel San Rafael o puede que con los tres juntos, flanqueada, quizás, por un par de farolillos; alguna risueña fuente amenizando con su murmullo la paz del lugar; hermosa cancela de hierro forjado y una puerta de madera separan este ámbito de la corriente humana que deambula rápida por las callejas estrechas, no sabiendo donde pararse para pararse en todas partes y hacerse la foto, mientras que Rosa y yo, quietos, admirábamos un patio digamos que pobre si lo comparamos con el anterior: aquí ni columnas, ni hornacinas votivas, ni fuentes, ni cancelas, solo cuatro paredes con macetas, o sea, la antítesis del anterior.
Continuamos nuestro deambular sereno y llegamos a la calle Judería, junto a la torre de la Mezquita, que estaba en obras de restauración y por tanto parcialmente cubierta con andamios y una malla. Entramos en una taberna y unas cervezas, una tortilla y unos boquerones en vinagre, todo muy rico, y seguir nuestro deambular junto a la Mezquita, pero en vista de la cantidad de gente que había decidimos ir por otro….¡vana ilusión!, había la misma cantidad de gente, de modo que nos dejamos ir y perder durante un rato mediante el vagabundeo, parándonos aquí y allí, ora en una tienda de recuerdo ora en un patio, hasta que fuimos a "Guzmán", una taberna en la que había estado Rosa una vez que vino con unas amigas -extraña costumbre la de estos cristianos dejando a la mujer vivir a su antojo-, pero cuando llegamos estaba cerrada y hasta el sábado no abría, de modo que como ya eran las dos y media buscamos un sitio donde comer, metiéndonos en un restaurante llamado "Mihura" o algo por el estilo, pero se quisieron pasar de listos diciéndonos que de los menús que había el carta no había tal y tal, o sea los mas asequibles, y que solo había el caro. Hombre, si se dijera que el restaurante estaba a tope y gente de pié esperando mesa, pues sería admisible esa situación, pero no era el caso, sonándonos mas bien a tomadura de pelo, de modo que Rosa propuso que nos fuéramos y engañaran a otro incauto. Así lo hicimos, recalando en un sitio muy bonito llamado "Federación de Peñas", con mesas en un patio, rápidamente atendidos, buena comida, gente amable y mejor precio. Comimos gazpacho, ensalada y cordero con patatas. Postre, pan y cerveza. Allí fotografié a Rosa.
Bueno, tras el yantar pusimos proa hacia el hostal dando un tranquilo paseo, relajado y comtemplativo, por el mismo camino que vinimos, bajo un sol de justicia, hasta que llegamos, subimos y nos tumbamos a dormir un rato, hasta las siete y media o así. Después de charlar un poco y cortarme Rosa las uñas, preparamos los bocadillos que serían la cena de esa noche, hechos a base de queso y fiambre, mas dos manzanas y unas latas de cerveza y una vez preparados los metimos en la mochila que para el efecto llevábamos, junto con dos jerséis por si las moscas. A eso de las diez nos fuimos de nuevo por el mismo camino a conocer algo de la Semana Santa cordobesa.
Primero hicimos un alto en una "Sociedad de Plateros", que viene a ser como "La Campana" en Málaga, una cadena de tabernas repartidas por la ciudad, habiendo otra llamada "EL 6". Aquí tomamos dos medios, preguntamos por el vino y los cacharros con que lo sirven, yéndonos luego a la plaza de Capuchinas, en donde hay un convento y cuya capilla estaba abierta al público, realmente bonita, muy adornada y llena de flores blancas y de luz, la cual hacía resaltar el color dorado del retablo; pasamos por el patio y nos fuimos a "La casa del abuelo", una taberna muy interesante adornada con fotos antiguas, toneles, cacharros de campo, etc. y donde nos tomamos unas cañas y un plato de salmorejo.
Cuando salimos estaba pasando una procesión, de modo que nos esperamos un poco, entablando Rosa conversación con un par de matrimonios, tras lo cual nos fuimos a la Judería, donde deambulamos un rato y donde curiosamente había poca gente, de modo que aprovechamos un banco en un lateral de la Mezquita, frente al Triunfo de San Rafael y la Puerta del Puente, y nos pusimos a comernos los bocadillos junto con la cerveza y las manzanas, tras lo cual nos retiramos alegremente a la habitación y a dormir satisfechos de la jornada.
Al día siguiente nos levantamos tarde, pues remoloneamos en la cama hablando nos duchamos, preparamos unos bocadillos para el almuerzo metiéndolos en la mochila y nos fuimos al centro pero por un camino distinto al de ayer, pues bajamos la Avenida de Barcelona, nos metimos por la Ronda de Andújar y volver sobre nuestros pasos y tirar por Alfonso XII, plaza del Vizconde de Miranda, de San Pedro, donde vimos la iglesia del mismo nombre, seguimos por la calle de Lineros, no, por ahí no, por la calle de Don Rodrigo, parando en un bar-restaurante muy peripuesto pero muy lentos en el servir, donde nos tomamos una caña y un medio, tras lo cual, ahora si, tomamos por la calle de Lineros hasta la plaza del Potro, en la que hay una columna con un potro en lo alto, en un lado el museo de Julio Romero de Torres -cerrado- y en el otro lado la famosa Posada del Potro, que data de la época de Cervantes y que sale en algunas de sus novelas y teatros. Bajamos luego por las calles de Lucano, y de Cruz Rastro hasta el paseo de Isasa, junto al río, el Guadalquivir o río Grande, hasta llegar al puente romano, que creo que tiene dieciséis ojos y que se construyó tras la victoria de César sobre Pompeyo. Aquí nos hicimos dos fotos: una yo a Rosa con la Mezquita detrás y otra ella a mí con la Torre de la Calahorra detrás, la cual es una pequeña fortaleza almenada y con foso que está a la entrada del puente y que lo defiende y que es donde está ubicado el Museo de las Tres Culturas. No entramos a verlo, porque a mi las demagogias no me llaman la atención, pero si le dimos un rodeo mirándolo de arriba a bajo y nos fuimos.
Continuamos nuestro paseo junto al río, viendo los restos de las ruinas de los molinos árabes, de los cuales uno tiene una gran noria con sus canjilones, pero el edificio que la sostiene está en ruina siendo una pena, pues arreglado y con la noria en movimiento quedaría muy bonito junto a los árboles que allí se encuentran, siendo uno de los puntos mas visto de esa parte de la ciudad seguramente.
Luego subimos por Santa Teresa Jornet, una de cuyas aceras es la muralla del Alcázar de los Reyes Cristianos, que está en restauración, y de ahí al parque que hay delante, llamado Campo Santo de los Mártires, siendo allí donde bajo la sombra de los árboles nos sentamos a comer lo que en el zurrón llevábamos, contemplando a la gente pasar, hablando o simplemente comiendo. Junto a nosotros había un monumento a algo, no se qué, y que era un pedestal con un par de manos encima y una grabación ilegible en el frontal del pedestal y todo ello cubierto por una cupulilla.
Después de comer y reposar la comida durante un buen rato, nos fuimos a continuar nuestro paseo por la ciudad, empezando por las calles de Manrique, Deanes, Luque, Blanco Belmonte y Ángel Saavedra, meternos por Juan Valera y terminar en la Plaza de la Compañía, habiendo pasado primero por delante de la iglesia de Santa Victoria, que al igual que la de los Jesuitas estaba cerrada.
Continuamos por callejas estrechas, donde destacaban las fachadas cuajadas de flores, geranios en su mayoría, pasamos por las calles del Reloj, Eulogio Ambrosio de Morales, Luján, Córdoba, Tundidores, R. Marín y salimos a la plaza de la Corredera, una Plaza Mayor típica pero con un aspecto lamentable, deprimente, sucio y todo lo que digas es poco, de modo que con las mismas nos marchamos no sin antes observar una parte en donde destacaba un gran escudo heráldico sobre una fachada, encima de una puerta y aunque no nos acercamos a verlo supusimos que la casa debía ser algún organismo oficial.
De aquí nos fuimos a la calle de Claudio Marcelo, en donde se hallan las ruinas de un templo romano y donde destacan 6 ó 7 columnas, cosa que a Rosa le gustó. Bien, continuamos por las calles de Alfaros y Capitulares torciendo luego por la de Capuchinos, a la cual se accede por unas escaleritas
Junto a una fuente, desembocando a la plaza del Cristo de los Faroles, donde Rosa me fotografió, entre un gran gentío que esperaba la salida de un paso procesional.
Después seguimos nuestro recorrido por la plaza de Doblas y la calle de Cabrera, la cual desemboca a una hermosa plaza llamada de Colón, un parque con varias puertas, muchos árboles, palomas, niños, gente mayor y nosotros que, al cruzarla, salimos a la calle de Molinos Alta y desde donde se ve la Torre de la Malmuerta, del s. XV, buen ejemplo de arquitectura militar de fines del Medievo, con leyenda incluida, y como enfrente había un bar pues entramos a tomar un café, tras el cual nos hicimos una foto con la torre de fondo y nos fuimos vía calle Mayor de Santa Marina hasta la plaza del mismo nombre, donde está la iglesia gótica de su nombre; en mitad de la plaza se encuentra el monumento a Manolete, empezando en ese momento a llover, refugiándonos en un portal de la calle de Santa Isabel hasta que escampó.
Bajamos por la plaza de Don Gome, torcimos por la calle de Rojas y seguimos por la de Don Gome, en donde se halla el palacio de Viana, con trece bellísimos patios y que no tuvimos la oportunidad de ver, bueno, otro día será. En fin, continuamos por la plaza de Beatillas, de San Agustín, en donde vimos la iglesia de su nombre y de la que no recuerdo su estilo arquitectónico, seguimos por la calle de Montero, plaza de San Juan de Letrán, calle de Frailes y salimos a la plaza del Corazón de María, en donde entramos a ver la iglesia que allí hay y que es del convento de las Trinitarias. Luego torcimos por la avenida de Rabanales, donde paramos en un puesto callejero que sirven copitas y caracoles, tomándome yo un medio y en el puesto de al lado donde ponían chocolate y churros compró Rosa un cartucho de estos y seguimos paseando por junto al lienzo de muralla que en la Roda de Marrubial hay, pasando a través de un portillo a un parque, paramos en un bar para cenar un flamenquín y un par de tapas con cerveza y nos fuimos a dormir tan ricamente.
Durante ese día pudimos apreciar la arquitectura de la ciudad en su conjunto, observando que apenas hay edificios altos, las casas muy blancas y la mayoría con patio, calles estrechas, muchas plazuelas y muchas flores. La encontramos algo dejadilla, pero su misma belleza ayuda a anular cualquier mala impresión, aunque hay que hacer notar que edificios importantes presentaban un aspecto bastante cochambroso. Responde al concepto de ciudad andaluza, pues el blancor de sus calles contrastando con el verdor de las plantas gracias a la luminosidad del sol hacen de ella una perla con esmeraldas abrazada por el Guadalquivir. Además, hay Triunfos de San Rafael por todas partes.
Al día siguiente, que estos cristianos llaman Santo, nos levantamos pronto, nos duchamos, nos vestimos, nos desayunamos y nos fuimos al centro, pero en coche, el cual dejamos en un aparcamiento, llamada "Alcázar", que hay en la calle de Cacín, junto a la muralla, yéndonos derechos al museo al museo de Julio Romero de Torres, que como dijimos antes se halla en la popular plaza del Potro, frente a la Posada del Potro, famosa por las razones antes mencionadas.
Bien; a este museo, que comparte edificio con el de Bellas Artes y al que no entramos, se accede desde el aparcamiento en que dejamos el coche, a través de las calles de Amador de los Ríos, Corregidor, Luis de la Cerda, Amparo y Lucano. Entramos y disfrutamos de cincuenta cuadros de mujeres y solo de mujeres, resultando cierto que este hombre pintó a la mujer cordobesa, pintándola, además, muy bien, caracterizándolas con muchísimo arte, tanto en los tipos populares como en las alegorías, los sentimientos y las clases sociales.
De entre todos los cuadros encontré algunos que me llamaron la atención mas que otros, que me gustaron más y de entre estos destacaré "Cante Hondo", "El Pecado", Poema de Córdoba" y alguno más que no recuerdo el nombre.
Independientemente de la pintura, estaba el marco espacial en la que está dispuesta, que es la casa que donó la familia del artista al Ayuntamiento de Córdoba, la cual es un palacete elegante, sobrio, en donde además de los cuadros hay dos bustos del pintor. Está bien iluminada y una voz se escucha regularmente por el altavoz recordando que está prohibido hacer uso del flash. Le hice una foto a Rosa junto al cuadro "La Chiquita Piconera", que le gustó mucho, siendo a la vez un testimonio gráfico de nuestro paso por aquel bello sitio.
Bueno, una vez contemplados y admirados los cincuenta cuadros que componen esta singular colección, encaminamos nuestros pasos a la Mezquita y realizar una visita contemplativa de este excelente templo de los fieles creyentes, ahora en manos de estos cristianos, los cuales han encastrado en su interior una catedral, un templo cristiano dentro de uno musulmán. Caso curioso y no se si único en todo el orbe, pero bueno, como a fin de cuentas Dios solo hay uno, el único, el verdadero, el mas grande, pues no empezaremos a crear polémica de tipo teológico por una mera obra humana, microscópica mota de polvo en el infinito universo creado por Dios.
Una vez allí nos introducimos en el patio de los naranjos, sobre el cual se alza con su imponente verticalidad la majestuosa torre, deteniéndome a hacerle una foto y conservarla entre los recuerdos de esta ciudad. Tras la foto al interior pasando, claro está, por taquilla, pero como la fila de gente para entrar no era larga si no larguísima decidimos dejarlo para la hora de la comida, momento en el cual no habría tanta gente y dedicarnos mientras a callejear, de modo que dicho y hecho, nos fuimos a la calle de Judíos, donde había una taberna llamada "Guzmán" y a la cual se accede a través de una rampita. Es un lugar que podríamos denominar típico, presentando elementos rústicos relacionados con el vino fino, mesas y sillas de madera, motivos taurinos decorando las paredes blancas, algunos faroles graciosos y una barra no muy grande y que fue donde nos pusimos a tomarnos unos medios y unas tapas de boquerones y de almejas. El fino estaba bastante rico y como vendían para llevar con garrafa incluida, pensó Rosa que podíamos llevarnos una de cuatro litros y repartírnoslos con su hermano, como así hicimos.
Continuamos después con nuestro deambular callejeril, entrando en la sinagoga, que es pequeñita y muy simple, donde estuvimos un rato observándola en su conjunto, así como algunas citas de la Torá que hallábanse grabadas en yesería en algunas partes de la pared, continuando después con nuestro paseo por las calles del barrio, tales como Cariuán, junto a la muralla y deteniéndonos a mirar un estanque que a sus pies se halla y saludando al insigne prócer Averroes, junto al que me fotografió Rosa, y llegando después a la puerta que aún se conserva en el lienzo de la muralla. Paramos en algún bar, más por comistrajear que por trasegar fino y así comimos callos, calamares y boquerones y así hasta que decidimos volver a la Mezquita, siendo las cuatro de la tarde y, efectivamente, había muy poca gente en la cola, solo tres o cuatro personas, de modo que compramos las entradas y nos sumergimos en ese maravilloso edificio con dos ojos, uno musulmán, que es la Mezquita, y otro cristiano, la Catedral que en su interior hay.
Describir las sensaciones e impresiones que pueden llegar a despertarse durante un paseo por las entrañas de la Historia y el Arte puede llegar a ser un importante reto para cualquiera que lo intente y un imposible para mí, que soy un ignorante. En momentos como en el que entramos -vacaciones de Semana Santa- lo primero es hacer abstracción del Tiempo y del Espacio: del Tiempo porque estábamos paseando por un sitio con mas de mil años y del Espacio porque conviven dos espacios arquitectónicos e ideológicos. También del Tiempo porque en muy poca porción de el teníamos que verlo y del Espacio porque nos veíamos distraídos y limitados por la gente que nos rodeaba, gente que normalmente es incapaz de estar en un sitio contemplándolo en silencio y respetando a los que queremos penetrarnos del lugar. Necesitas abstracción para caminar por el Espacio saltando en el Tiempo, y abstracción para eliminar a los agentes externos que distorsionan nuestra inmersión en el goce del disfrute de este maravilloso edificio erigido a la mayor gloria de Dios…y de los que lo mandaron construir y ampliar.
No obstante tuvimos dos cosas claras al entrar: la sensación de frescor y que allí íbamos a estar hasta que nos echaran.
Empezamos a pasear contemplando los altares que a nuestra izquierda se habían erigido en honor de Santos y Vírgenes -¡estos cristianos!-, de mártires que murieron por su fe, de almas que aspiran a gozar de la visión eterna de la Gloria Divina, triunfando de la Muerte y del Pecado, mostrando al Mundo su Corazón puro, amplio y generoso. "Donde está, Muerte, tu victoria" parece decirnos el Hijo del Hombre desde la diestra del Padre.
Uno, dos, diez,…bastantes altares, algunos medio iluminados, otros sumidos en las penumbras.
Vamos peinando el espacio volviendo sobre nuestros pasos una y otra vez, pero por líneas distintas, paralelas entre sí, alejándonos del ámbito cristiano y emergiendo en el musulmán, por entre columnas, unas blancas, otras verdosas; de tonos verdosos estas, rosadas aquellas y ocres esotras, pasando por entre las de alabastro y deteniéndonos a palpar las veteadas, mientras alzamos los ojos para ver si los arcos son simples o lobulados, si los capiteles sobre los que se asientan estas son parecidos a los que se asientan aquellos o si los que se superponen tienen tanta policromía como los que quedan cerca del fabuloso mirab, enclavado en la zona ampliada por Alhakén II y que deslumbra por el resplandor de sus dorados, de sus matices cromáticos, la armonía de las líneas, la disposición de los elementos, la primorosidad de la cúpula de la kibla, de mosaico bizantino.
Deambulando vemos lápidas grabadas, bajo los cuales reposan los restos de los ricoshombres, militares, nobles y clérigos que creyeron alcanzar fama eterna, todo ello junto a elementos arquitectónicos de origen romano o visigodo.
Nuevos altares vuelven a asomar tras los arcos camino de la Catedral, la cual vive y bulle entre el mar de las columnas, mostrando su impresionante retablo, su muy labrado techo y paredes, sus columnas separadas por arcos,…Penetra la luz exterior a través de unas celosías, derramándose en el interior y perdiéndose en la magnitud del templo y en su antigüedad, en el rápido movimiento de las columnas, pues aquí lo realmente importante son ellas, ellas y los arcos que a veces juegan a despistar al visitante que se sumerge en el monumento en uso mas antiguo del mundo occidental.
Allí se nos pasaron las horas, contemplativas y de asombro, de reconocimiento al Tiempo y al Espacio, de alegría y cultura, tras lo cual no esperamos a que nos echaran y retornamos al mundo exterior, emergiendo entre el tráfago de la calle y a la luz del sol.
Una de las cosas que llamó nuestra atención allí dentro y que se me olvidaba comentarte, es el tesoro de la Catedral, el cual guarda en su interior piezas de incalculable valor artístico, entre las que destacan la custodia de Enrique de Arfe, la cual mide mas de dos metros y medio y pesa mas de doscientos quilos, todos de plata convertida en filigrana, pieza preciosa, auténtica obra de arte llena de detalles y primorosamente acabada. Además de la custodia, tienen expuesto un genial Cristo de marfil finamente tallado y realizado por Alonso Cano; realmente hermoso.
Bueno, una vez en la calle lo primero que hicimos fue retirar el coche del parquing y no s lo llevamos a la plaza de las Tendillas, donde conseguimos aparcamiento, aparcándolo y yéndonos a pasear por la zona comercial, pasando por la calle de Gondomar, donde Rosa me hizo una foto con la torre de la iglesia de San Nicolás de la Villa detrás; continuamos por la avenida del Gran Capitán, donde paramos en una cafetería a tomar un cafelito y llamar a la familia. Continuamos por la Ronda de los Tejares, calle de Cruz Conde y nuevamente a la plaza de las Tendillas, donde antes de coger el coche nos entretuvimos mirando un quiosco y acercarnos a ver si estaba abierta la iglesia de los Jesuitas, sita en la cercana plaza de la Compañía, pero estaba cerrada, de modo que decidimos dar por terminado nuestro paseo por la ciudad y pusimos proa rumbo al hostal, despacio y reposadamente.
Una vez en el nos relajamos un poco, preparando después una suculenta cena a base de raviolis. tortellinis, chorizo, salchichón, queso, pan, cerveza y manzanas. Las pastas las calentamos en un cacharro que trajo Rosa en el camping gas, de modo que comimos caliente una suculenta comida. Al acostarnos a Rosa le dio un tic en el ojo izquierdo, que se pasó rápido afortunadamente, de modo que a dormir, que mañana nos vamos a Priego de Córdoba.
Hola, ya es mañana, Domingo de Resurrección para estos cristianos. Nos levantamos temprano, nos duchamos, desayunamos fuerte, nos vestimos, recogimos todo, pagamos y nos fuimos tranquilamente por un camino lleno de curvas a Priego, a donde llegamos a la hora o así, justo cuando pasaba la procesión del Cristo Resucitado. Aparcamos donde pudimos y nos pusimos a pasear, contemplando el Ayuntamiento, la Fuente del Rey, que es una sugerente y romántica fuente de ciento doce caños, con estatuas de Neptuno, una especie de dragón y como sumidero una boca enorme perteneciente a una especie como de monstruito. Junto a esta hay otra fuente, pero no recuerdo su nombre y en la cual hay una hornacina con una imagen de la Virgen, copia de otra que robaron hace cosa de ocho años -¡estos cristianos! -. Esta fuente es mas de tipo clásico, mas austera. Después nos metimos en un bar, la Sociedad de Cazadores, muy visitado por los del pueblo y allí comimos chivo, flamenquines, pescado en adobo y unas cervezas.
Tras eso continuamos nuestro paseo, sorprendiéndonos a cada paso con cada casa, cada iglesia, cada parque y cada calle. Así, tenemos iglesias como la de la Asunción, con una bellísima capilla del Sagrario y en donde nos dieron un clavel a cada uno; la de las Angustias y las Mercedes, la de San Francisco, la de San Juan de Dios, la de la Aurora y la de San Pedro. Además de las iglesias tenemos el castillo medieval, el hermosísimo barrio de la Villa, deslumbrante por lo blanco, muy florido y sugerente. Claro ejemplo de la arquitectura e idiosincrasia popular andaluza, de calles estrechas y muy limpias. También hay en el pueblo un coqueto parque, llamado de Colombia, con una pérgola metálica, bajo la cual hállanse un muchacho y un águila, ambos de bronce, tomados por los hombros y delante el extenso olivar.
Bueno, tras vueltas y revueltas, algún café y una visita al cementerio a visitar la tumba de mi abuela Carmen, nos despedimos del pueblo y con un fuerte ¡volveremos! nos pusimos en camino a Málaga, charlando tranquilamente y satisfechos de los días pasados en la serena capital del añorado Califato, en sus tierras provinciales, con el cuerpo y el espíritu henchidos de gozo por la experiencia vivida. Tras esto vendrán los días de trabajo, los de la monótona cotidianeidad que serán felizmente rotos por los recuerdos felices de estos días.
Alá es grande y solo El dispone de nuestras almas. A El le debemos los buenos momentos que pasamos junto a los seres queridos y a El debemos mostrar agradecimiento. Solo Alá es Grande.
Así, amigo Abdul ibn Muntasir ibn Abdelaziz, termina la narración breve de nuestra estancia en la capital siempre añorada y para siempre perdida del Califato Independiente, de Córdoba la Serena.
Que Alá te guarde.




Granada, a 24 de Abril de 1995








2- ©VIAJE ESTIVAL AL PAÍS DE LA HUERTA

©Fernando J. de Laguno Oviedo

7 - 14 de Agosto de 1995

Después de esperar bastante tiempo esta oportunidad, por fin Rosa y yo hemos podido ir juntos a Murcia a verla y disfrutar de esa ciudad tan hermosa y cuidada.
Tantas veces como le he hablado de ella, tantas cosas como le he contado y descrito de esa capital del Segura, tantas veces como hemos deseado que llegara el momento de ver realizada esa ilusión, que al final se ha visto cumplida y juntos recorrimos las calles de la capital de la Huerta. Y así, el viernes 7 de Julio, día de San Fermín, a las ocho y media de la mañana partíamos rumbo a Murcia, previa parada en Granada, donde yo quería realizar dos o tres visitas. El día se levantó fresco y encapotado, lo cual agradecimos, pues así no se nos haría pesado el camino, durante el cual Rosa rezó el rosario mientras yo conducía.
Llegamos a Granada alrededor de las diez y tras dejar el coche en el aparcamiento fuimos a tomar un café y comprar una revista para hacer tiempo e ir a hacer las visitas a las joyerías que quería ir, vendiendo fornitura en dos de ellas por valor de quince mil pesetas, tras lo cual nos acercamos a hacer una visita a Fray Leopoldo, a quien Rosa quería rezarle, para acto seguido continuar nuestro viaje. Por el camino paramos en Guadix donde después de visitar algunas joyerías, paramos a comer en el restaurante del hotel "Mulhacén": una ensalada y dos platos de habas con huevo; pan, cerveza y un cafelito.
Una vez finalizado el ágape nos fuimos tranquilamente camino de Vélez Rubio, al hostal "El Jardín", donde ya teníamos reservada la habitación, a la cual llegamos, dejamos las cosas y descansamos hasta media tarde, que fuimos a visitar las joyerías de allí y de Vélez Blanco, sacando como única venta una de nueve mil doscientas pesetas y unas cervezas con setas, para terminar el resto del día en el hostal relajados, leer un poco antes de dormir y hasta mañana, que será otro día.
Al día siguiente, sábado, partimos temprano rumbo a Murcia, ciudad a la que llegamos sobre las diez de la mañana; realicé algunas visitas y dedicamos el resto de la mañana a ver tiendas, ir a una librería de viejo, donde Rosa me compró tres libros y de ahí al hostal donde teníamos reservada la habitación, el "Legazpi", pero debido a que se estaban celebrando en la ciudad unas oposiciones, había mucha gente, estando el hostal lleno, dándonos una habitación de camas separadas, en la segunda planta, pero las unimos y asunto solucionado. Total, al día siguiente nos dieron una con cama de matrimonio. Tras dejar las cosas en la habitación, colgar la ropa y refrescarnos un poco, nos fuimos al centro a dar una vuelta y tomar una cerveza, pero nos volvimos pronto para que nos diera tiempo de ir al Mercadona, comer y descansar.
Luego, por la tarde, fuimos a la iglesia del Carmen, donde oímos misa y la novena a la Virgen del Carmen, tras lo cual Rosa entró en la sacristía para ver si el cura le podía imponer un escapulario de esa Virgen. Nos atendió un sacerdote muy simpático llamado Alfonso y nos dijo que no tenía en ese momento escapularios, pero que si queríamos volver el viernes estupendo, porque los iba a imponer a la feligresía en común, pero ¡ay!, nosotros íbamos a marchar antes, pues estábamos de paso y, en fin, nos gustaría aprovechar la oportunidad ahora que es la novena, a ver si hay alguno por ahí,…El caso es que el hombre nos dijo que volviéramos a pasar al día siguiente, que miraría de conseguirle uno, cosa que hizo.
El resto de la tarde-noche la dedicamos a pasear, a enseñarle Murcia a Rosa, tomar algunas copas y descubrir un sitio llamado "La Parranda", sito en la plaza de San Juan y que es un restaurante donde ponen infinidad de cosas sabrosas, como la parrandera, la longaniza, la morcilla, la ensalada murciana, tomate, verdura plancha y un sin fin de platos suculentos acompañado de un pan riquísimo y unos piquitos que a Rosa le chiflaron, regado todo por unas cervecitas y un vino tinto del país. Fue un acierto ir allí y debe ser un sitio muy popular porque estaba concurridísimo, con muchas mesas en la plaza, todas ocupadas y con un gran ambiente. Aparte había en la plaza otros dos restaurantes y una pizzería y presidiéndolo todo la iglesia de San Juan.
Al día siguiente, después de ducharnos y vestirnos, bajamos a desayunar al bar de abajo del hostal y de allí nos fuimos a ver la zona mas interesante del centro de la ciudad. Anduvimos por las calles de la Trapería, Alfonso X, San Cristóbal, Platería, plaza de Santo Domingo, plaza de los Apóstoles, Teniente Flomesta, Alejandro Seiquer, en la que estuvimos el día anterior pidiendo folletos en la Oficina de Turismo; visitamos la Catedral, donde destaca la capilla de los Marqueses de los Vélez, muy gótica; el Casino, de estilo ecléctico y que le recordó a Rosa al de Tetuán. Allí estuvimos un buen rato admirándolo desde la fachada con una cabeza de león sobre la puerta de entrada a las volutas, frisos y columnas de su interior, con un patio de estilo clásico, con columnas y estatuas de corte romano, pasando antes por el zaguán de estilo árabe, el tocador de señoras, del siglo XVIII, el salón de billar del XIX, la sala de lectura de principios del XX, un pasillo como de galería, también del XIX y el salón de baile, que no pudimos ver bien por que estaba casi a oscuras, pero dejando entrever la enorme lámpara de araña, el suelo de madera, las sillas pegadas a la pared forrada de tela o papel floreado y un piano al fondo. El techo estaba decorado con pinturas, igual que lo estaba el tocador de señoras. Aparte de este salón había otro para celebraciones y del que no recuerdo bien el estilo, pero que creo era sobrio y elegante.
Tras el Casino seguimos paseando hasta llegar a la plaza del Cardenal Belluga, donde paramos en un bar llamado "La Mejillonera", lugar donde la especialidad, como se podrá adivinar por el nombre, eran los mejillones, presentados de muy diferentes maneras, tomándolos nosotros a la vinagreta y regándolos con cerveza; luego subimos la calle de Alejandro Séiquer hasta llegar a la plaza de Santa Ana y de ahí a la Gran Vía, donde estaba el coche aparcado, y para el hostal, al que llegamos sobre las tres. ¡Ah, se me olvidaba!, antes de esto último nos acercamos a "La Parranda", pero como estaba cerrada nos metimos en el de al lado, también muy buen sitio, siendo el camarero que nos atendió muy amable.
Ya en el hostal preparamos la comida y almorzamos viendo las noticias en la tele. Después descansamos un rato, bien viendo la televisión bien charlando o leyendo y a media tarde nos duchamos, nos arreglamos y nos fuimos a la iglesia del Carmen, donde oímos misa, tras la cual le impuso el cura el escapulario en mi presencia. Le agradecimos el detalle al párroco y nos fuimos a pasear, Rosa mas contenta que unas pascuas pues había conseguido ver realizado un deseo de hacía tiempo.
Aprovechando que estábamos por el centro, fuimos a buscar a un antiguo amigo de Rosa, ex jesuita, y del cual hacía mucho tiempo que no tenía noticias. Fuimos al portal número 6 de la Plaza Circular, no obteniendo razón del individuo, hasta que salió por el portal uno al que preguntamos y que lo conocía y a partir de ahí es una historia demasiado larga y quizás un poco surrealista como para ponernos a contarla ahora. El caso es que tomamos una cerveza con este señor y con su hermano, que también bajó, obteniendo algunas referencias acerca del amigo de Rosa, quedando citados al día siguiente en "La Mejillonera". Antes de todo esto estuvimos en el convento de las Franciscanas, donde no obtuvimos mucha información, por no decir ninguna. Después de todo este asunto nos fuimos para la habitación y tras charlar un rato nos echamos a dormir.
Al día siguiente, tras ducharnos y desayunar nos fuimos al centro a trabajar, a hacer visitas. Mientras yo las realizaba Rosa veía tiendas unas veces, otras estaba conmigo y otras veía la ciudad. Anduvimos por las calles más concurridas, por las más céntricas de la ciudad. Entre cliente y cliente aprovechábamos para ver algún monumento, como por ejemplo las iglesias de San Lorenzo y la de Santo Domingo, hasta que llegó la hora de comer, reposar y otra vez al curro hasta las ocho y media, que dejamos las cosas del trabajo en el coche y tranquilamente nos fuimos hasta "La Mejillonera" donde habíamos quedado con el señor del día anterior, el cual no apareció. Llamamos a la hermana del amigo de Rosa y ya todo un enredo y un rosario de trolas y rollos que lo único que consiguieron fue que Rosa se asustara y pasara una mala noche. Pero bueno, amaneció un nuevo día lleno de luz y de color, salimos a currar yo y a pasear y ver tiendas Rosa, comprando un mantelito muy gracioso; yo investigué un poco el tema del individuo, hice un par de ventas y un montón de visitas y por último nos fuimos a comer a un bar de la calle de Sagasta, paseando luego por la plaza de Santa Catalina, donde nos tomamos un café y de ahí para el hostal.
Por la tarde nos dedicamos a pasear, ver tiendas, entramos en el Corte Inglés, fuimos al Continente, mas paseos por donde el nuevo mercado, junto al Paseo del Malecón, ver Murcia de noche, tapear y copear en "La Parranda", mas pasos en la cálida noche murciana y felices y contentos a dormir, que mañana nos vamos a Cartagena.
Temprano nos fuimos el miércoles. Pasamos por Torre Pacheco, El Algar y otros pueblos y por fin La Unión, donde vimos a un cliente con el que quedé citado para por la tarde, yéndonos acto continuo al hostal, el "Sierra Mar", donde comimos ricamente, vimos las noticias y descansamos hasta que llegó la hora de la cita con el cliente, la cual fue bien fructuosa, yéndonos luego a otro que también nos hizo una buena nota. Después de esto nos fuimos a pasear por Cartagena, deambulando por la calle Mayor, contemplando edificios elegantes, entramos en el Casino y así hasta donde estaba el Ayuntamiento, de corte fastuoso y palaciego, con cúpulas y columnas; luego el monumento a los héroes de Santiago de Cuba y de Cavite, el submarino de Peral, nos tomamos unas cervecitas y unos mejillones en "La Mejillonera" -como en Murcia- y poco mas. Nos fuimos para La Unión, donde paseamos un rato y estuvimos en un bar llamado "La Rosa" y de ahí a dormir.
En La Unión hay un antiguo mercado de abastos y que hoy día es donde se hacen los festivales de cante minero y que es un edificio curioso situado en una plaza y del cual solo vimos la fachada.
Al día siguiente abandonamos La Unión, llevándonos prestada una toalla del hostal y que ya devolveré dado que es el lugar donde duermo siempre que voy a Cartagena, siendo esa ciudad donde fuimos a trabajar esa mañana y mientras la trabajábamos veíamos columnas y calzadas romanas, la iglesia de La Encarnación, que es circular y que le gustó mucho a Rosa; la plaza de San Francisco con el monumento a Maíquez, la comercial San Fernando, etc, y a la hora de comer nos fuimos al Continente, donde compramos apaños para hacernos unos bocadillos, los cuales nos comimos tan ricamente en el coche junto con unas cervezas. Después fuimos a lavarnos las manos y tomarnos un café para acto continuo ir a Fuente Álamo, donde visitamos un par de tiendas y de ahí a Alcantarilla donde fui a una tienda con la que ya había concertado una visita de trabajo e hicimos una nota sustanciosa.
Ya en Murcia, dejamos el coche aparcado junto al hostal y nos fuimos a un bar restaurante que cerca se halla, llamado "El Cherro" y donde nos pusieron unas patatas asadas con una salsa que llaman ajo, bastante rica; también pedimos unas morcillas, una chacina bastante rara y que preferí no saber lo que era, unas albóndigas en salsa, mojama y algo mas, todo regado con cerveza y de ahí al hostal a dormir. En líneas generales, comer en Murcia es barato.
Bueno. Al día siguiente, viernes, 14 de Agosto, último de nuestro viaje, hicimos la llamada Ruta del Noroeste, es decir por Mula, donde hicimos una nota, Bullas, Caravaca de la Cruz, donde fuimos aver el Santuario y la iglesia de San Pedro, la plaza del Arco, el Templete, la estatua de fray Luis de León, la calle Mayor y otros y de ahí a Huéscar, localidad a la que llegamos sobre las tres de la tarde, justo para comer, lo cual hicimos muy ricamente en "Casa Felipe", tras lo cual reposamos un poco antes de emprender el camino a Málaga, realizando por el camino una parada en Baza para echar gasolina y tomar un café y otra en Loja para visitar las joyerías y donde hicimos dos notas apañadas y que pusieron la guinda al aspecto comercial del viaje. A estas notas hechas durante el viaje, debo añadir una que hicimos en Murcia de estuches y que un sexto sentido me hizo sospechar del individuo, sospecha que tras unas llamadas telefónicas se vio confirmada dadas las malas referencias que del individuo me dieron.
Emocionalmente, el viaje fue un éxito, pues Rosa conoció por fin Murcia, compartió in situ mi trabajo, disfrutamos juntos el día a día y, en fin, vivir mi trabajo juntos en primera persona. Al llegar a Málaga fuimos a tomar una cerveza para refrescar el gaznate y brindar por esto hermosos días pasados.




Málaga, a 14 de Agosto de 1995



3- EXCURSIÓN A CARMONA. JUEVES SANTO DE 1997


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El día 27 de Marzo de 1997, día de Jueves Santo, partíamos rumbo a Carmona Rosa y yo en compañía de Juan Ignacio, César, Jorge, Alicia y Anita, mas el barullo alegre de Elena e Ignacio, a eso de las diez de la mañana.
Tras una conducción tranquila y rápida llegamos sobre las doce menos cuartos, lanzándonos ansiosamente a la descubierta de esta famosa y monumental ciudad, la cual bien merece una visita minuciosa y sosegada. Es la típica población andaluza de la campiña de los alcores, blanca, de calles ya estrechas ya anchas, aunque predominando las primeras, se trata de una ciudad que hunde sus raíces en la más remota antigüedad y enclavada en una zona calurosa en extremo.
Si bien toda ella es monumental mereciendo detallar minuciosamente cada rincón, ello sería demasiado prolijo, de modo que describiré someramente lo que a mi juicio merece mayor detenimiento, juicio que creo compartían todos conmigo.
Lo primero que vimos, y ello debido a que salimos a conocer la ciudad en desbandada y sin método, fue la plaza principal, llamada de San Fernando, de bella factura, sencilla pero coqueta, destacando el edificio del Ayuntamiento, donde estuvo el insigne Cervantes o el ínclito Lope de Vega, no recuerdo cual, trabajando una temporada, quedando como recuerdo de ello una lápida conmemorativa. Este es el edificio más antiguo de la antigua Audiencia. Tiene también esta plaza una bella farola de hierro, repujada, sobre un pie de piedra. Hay también varias casas mudéjares del siglo XVI. Esta plaza, como es de suponer, es el centro sobre el que gira la vida social del pueblo, como lugar de encuentro o de paso y desde donde se pueden contemplar la cúpula de la iglesia de San Salvador, la calle de Prim y la de Martín.
Luego empezamos a deambular sin rumbo, hasta que Rosa dijo que lo mejor sería ir a la Oficina de Turismo, lo cual hicimos, pasando por donde se encuentra el mercado municipal, el cual era un antiguo convento de Santa Catalina, del siglo XVII, cuadrado, de tipo claustral, con arcos de medio punto y una fuente en medio. Llegamos a la Oficina de Turismo, la cual estaba situada en el Alcázar ó Puerta de Sevilla, una poderosa fortaleza almenada con dos puertas separadas por un patio, una poterna, salas de prisioneros hoy dedicadas a salas de conferencias, pozos de agua o aljibes, dos torres de las cuales una es la del homenaje y la otra, o del Oro, tiene una hermosísima cúpula realizada a base de ladrillos y descansando sobre ocho pilares que a su vez descansan sobre unas piezas pétreas de alcor.
Una vez visto esto, nos fuimos nuevamente a la plaza de abastos. Contemplando casas e iglesias, callejas con arcos pertenecientes a las antiguas puertas que tenía la ciudad y que cerraban unos barrios de otros, escudos, celosías, frontones, flores y cal. Añadir que desde lo alto de la Torre del Oro la vista que de Carmona se obtiene es espectacular, destacando por sobre todo las torres de las varias iglesias que en la localidad hay, a saber:
- la de San Pedro, cuya torre es una réplica de la Giralda, siendo llamada por ello la Giraldilla,
- la de San Bartolomé,
- la de San Blas,
- la del Salvador,
- la de San Felipe, la de Santiago, y
- la de Santa María, que es Prioral.
También vemos en su alfoz los alcores, un parquecillo y, creo, una ermita. Además, según la guía que nos acompañaba, en los días muy nítidos se distingue en lontananza la Serranía de Ronda.
Cuando llegamos a la plaza de abastos nos sentamos en la mesa de un bar llamado "La Carmela", donde además de ponernos el pisto, que es la especialidad de la casa, nos sirvieron albóndigas, solomillo, lomo, torrijas, vino fino y café. Allí charlamos, reposamos y nos pusimos de nuevo en marcha, haciendo un alto en la plaza de San Fernando. Luego continuamos callejeando, viendo patios, fachadas, iglesias conventuales, paramos en un curioso bar de corte señorial para tomar un café, y continuar deambulando hasta llegar hasta la Puerta de Córdoba, la cual consta de dos macizas torres de origen romano entre las que se levanta la puerta, la cual es de corte neoclásico. Tras su contemplación y comentario continuamos hasta llegar al Alcázar del Rey Don Pedro, actual Oficina de Turismo, hoy cerrada por reformas. Calle tras calle contemplábamos palacios como el de la familia Briones, el del marqués de San Martín, el de los Villa.
También pudimos admirar la gótica Prioral de Santa María, la fachada del palacio de los Rueda y así, calle a calle hasta recalar nuevamente en la plaza de San Fernando donde, sentados en la terraza de un bar, tomamos unas cervezas, a la vez que comentábamos las incidencias del día, las cosas nuevas que vimos y haciendo planes para nuevas excursiones.
De aquí, lentamente, fuimos desfilando hacia los coches, los cuales nos llevaron de vuelta a Málaga después de haber disfrutado de una jornada muy instructiva, amena y divertida, acompañados de un tiempo espléndido, aunque con algo de viento. En fin, un día completo en emociones y novedades.
Volveremos.




Málaga, a 27 de Marzo de 1997

Fernando José de Laguno Oviedo




4- ©EN TIERRA DE TEMPLARIOS

Del 30 de Abril al 3 de Mayo de 1997

Fernando José de Laguno Oviedo

Bien, por fin es miércoles y miércoles a las doce del mediodía, de manera que picamos billete, le decimos adiós a Lucas, salimos zumbando de San Pedro de Alcántara y nos plantamos en casa de mi mamá a dejar al niño; le decimos adiós a mamá, nos vamos a casa, comemos, preparamos los petates, miramos si está todo cerrado: ventanas, gas y puertas; cogemos el ascensor, cargamos los petates en el "buga" y nos partimos de risa, porque en ese momento, las quince horas y treinta minutos del 30 de Abril de 1997, salíamos rodando para realizar un viaje por



TIERRA DE TEMPLARIOS





El viaje hasta Sevilla nada tuvo de particular como no sea el calor tan tremendo que hacía, pero una vez superada esa ciudad e ir acercándonos a la sierra empezó a suavizarse la temperatura ambiente, cambiando el paisaje estepario cerealista por el de bosque de encinas, y del llano interminable solo roto por algún alcor al empinado y sinuoso propio del monte, hermosa sierra plagada de encinares y alcornocales que se suceden casi sin solución de continuidad hasta Fregenal de la Sierra, a cuyo hotel "Fregenal" llegamos después de preguntar su situación a unos paisanos.
Recoger las llaves de la habitación y subir fue todo uno, sorprendiéndonos lo bonita, limpia, bien cuidada y prácticamente nueva que era. Suelo enmoquetado, televisión, aire acondicionado, baño completo, sillas, mesa, banqueta, etc., todo muy bien y por 4.000 ptas. mas IVA. Dejamos las cosas y fuimos al pueblo, pero nos volvimos en seguida, cosa que fue positiva dado que una nube que se había situado encima del pueblo empezó a descargar agua a mantas, lo cual venía muy bien pues refrescaba la atmósfera, humedecía la tierra y lavaba el coche.
Así pues, nos preparamos para cenar, ya que a lo tonto eran las nueve. Primero nos duchamos, pues con lo que sudamos durante en camino estábamos pegajosos y sucillos. ¡Hummm, que buena estaba el agua, que bien salía el chorro, que bien se regulaba la temperatura, que bien se cerraban las cortinas, que toallas mas esponjosas. Hummmm!. Bueno, limpios y refrescados procedimos a preparar unos espaguetis a la carbonara, unos calamares en su tinta, patatas fritas, pan, cervezas, las noticias en la tele y….. ¡a cenar, viajeros!. ¡Exquisito, excelente!.
Después lavamos los cacharros, recogimos las cosas y nos pusimos a ver una película, a leer o a hablar, según se terciara. De manera que tras un rato y vencidos por el sueño nos sumimos en un dulce y relajante sueñecito, pensando ya en mañana. Buenas noches.
Buenos días. Ya estamos en planta. Ya nos estamos preparando para marchar de excursión. Ya bajamos a desayunar. Ya nos estamos marchando rumbo a Zafra por entre el encinar, el cual cautiva a Rosa con sus fragancias, con los olores mil que de el emanan. Sorprendida y divertida contempla las vacas blancas extremeñas, al cerdo ibérico deambulando por la dehesa, por entre el ganado caballar. Olores que le recordaban al campo de Tetuán.
Bien, el día es fantástico, muy soleado, luz a raudales iluminando el monte de suaves colinas tapizadas de pasto, aulagas, taramal y mil flores, luz reflejada en los arroyos Ardila, Bordión o Naranjillo. Rapaces y carroñeras surcan los aires en busca del pan suyo de cada día y las lindes de piedra evitan que las bestias se salgan al camino. El paisaje es suave, bucólico, produce paz y tranquilidad de espíritu y, además, parece que no va a hacer demasiado calor. ¡Ojalá!.
Al cruzar una zona de olivar, Rosa me dice que hasta lo visto por ahora, tanto el paisaje como los olores y los postes de la luz que se encuentran en el camino le recuerdan a Tetuán y que, de alguna manera se sentía transportada a su época de infancia, cuando vivía allí con su familia. Poco antes de llegar a Zafra cruzamos un arroyo llamado Rivera de Zafra.
Hicimos nuestra entrada triunfal en la ciudad sobre las once de la mañana, yéndonos derechos a la Oficina de Turismo, sita en la Plaza de España y donde nos inundaron de folletos turísticos. Gente amable. Gracias. Dejamos el coche aparcado en la Plaza Grande. Tiene Zafra calles estrechas y frescas. Empezamos a deambular por la calle Sevilla, donde topamos con el convento de Santa Clara, recoleto y sencillo y donde compramos unos dulces hechos, como no, por las monjas. La entrada es a través de un arco, tiene columnas de granito y sobre la fachada una lápida de piedra con dos escudos y una inscripción.
Seguimos calle abajo, viendo el palacio de los Daza, que actualmente tiene un comercio en sus bajos, pero mantiene un coqueto patio columnado. Luego nos metimos por una calle que nos llevó al Parador, un castillo de los Duques de Zafra, cuyo interior es de columnas rodeando un patio central con una fuente y a donde se asoman dos pisos. La fachada son dos torres que enmarcan la puerta. La fachada trasera consta de una torre maciza central y dos más pequeñas a los lados.
Seguimos caminando por calles con ventanas y balcones enrejados, hasta que llegamos a la Plaza Grande, la cual está porticada entera, columnas de granito que no son iguales unas a otras, sino que se agrupan por formas o por capiteles distintos. Parte de la plaza tiene bancos de piedra y en el centro hay una fuente, todo esto rodeado de palmeras. El techo de los soportales es de madera y las ventanas presentan bellos enrejados, siendo los arcos de ladrillo visto.
El ambiente agradable, festivo, de temperatura templada aunque subiendo, nos relajaba y confortaba, entrando en un bar donde nos tomamos unas cervecitas con unas tapas de tomate con jibia y huevo. Un bar bonito, de paredes de piedra imitando las de un castillo, formando arcos o medio bóvedas, con un patio interior, que era el restaurante y refrescando el ambiente una fuente central, cuyas aguas llenaban el ambiente de un murmullo cristalino bajo la luz que a través de la claraboya se colaba.
Cuando íbamos a la Plaza Chica, un señor que ya habíamos visto en el convento de Santa Clara nos llevó a ver el convento de la Encarnación y Mina, donde hay un Cristo llamado del Rosario, que es muy venerado en el pueblo. A esta iglesia se llega por las calles de Boticas, Tetuán, por el Arco del Cubo -lugar donde se guardaba antaño el grano- y en el que hay un relieve de Santiago. Aquí se encontraba este Cristo, que se halla inserto en un retablo neogótico y donde además de la del Cristo hay doce estatuas más.
La iglesia combina el arco ojival con el de medio punto, tiene púlpito y altares laterales, siendo estos curiosos, hechos bien de ladrillo bien embutidos en la pared; el suelo es de madera. Según entendimos de lo que nos dijo este hombre, este es el centro espiritual de Zafra. Este mismo señor, llamado Manolo, nos llevó luego a ver el Arco de Jerez, en lo alto del cual se encuentra establecida la Cofradía del Cristo de la Humildad y la Paciencia, cuyo altar está bastante deteriorado, al igual que otro de una Virgen, aunque son interesantes, sobre todo la talla del Cristo.
Después nos fuimos a la Plaza Chica, donde nos despedimos de Manolo. Esta plaza es mas de tipo popular, menos floreadas las fachadas, más simples, pero sin embargo nos gustó más, tanto las columnas, que mantienen la desigualdad de unas con otras y dos de las cuales están torcidas, como el conjunto. En una de ellas está tallada un vara de medir, de las que se usaban en los antiguos mercados. También se halla situado en esta plaza el Palacio de Justicia.
Caminando un ratito a pie y otro andando, pasamos por delante del Hospital de Santiago, con portada gótica y un fresco encima de la puerta; por la Plaza de España, el Parque y como era la hora de comer, entramos en un restaurante llamado "Las Tres Rosas", sito en la calle de Luis Chamizo, pidiendo de primero un revuelto de ajetes y unas croquetas caseras y de segundo unas setas en caldereta y una caldereta extremeña. Pan, cervezas y café. 2.000,00 ptas. Rico, muy rico. Bien atendidos. Comida extremeña sabrosa de verdad.
Y para la digestión un paseo tranquilo y pausado, contemplando edificios y calles, hornacinas votivas de azulejos, placitas y al fondo de una calle la Plaza del Ayuntamiento, muy graciosa, uno de cuyos edificios es de azulejos color turquesa descolorido, con rejería y balcones, ventanas y puertas con marco de piedra. El Ayuntamiento es un antiguo convento, con claustro y galería superior. En Zafra hay muchos geráneos y el dulce típico es el "corazón de obispo", hecho de yema y almendra y elaborados en el convento de Santa Clara.
Bueno, una vez tomado conciencia de cómo es Zafra, a eso de las tres y media o cuatro nos fuimos en dirección a Jerez de los Caballeros, pueblo al que se llega a través de un camino que serpentea entre pastos y encinas. Realizamos una parada técnica en Burguillos, pueblo que cuenta con un castillo roquero con dos torres cuadrangulares y dos redondas, todo almenado, una plaza de armas y galerías subterráneas, por supuesto de fabrica templaria y a cuyos pies se desparrama el pueblo, de calles cuidadas y floridas, con dos iglesias antiguas abandonadas y una en uso que data del siglo XVIII, neoclásica.
Por fin llegamos a Jerez, a cuyo centro urbano se accede por la calle de Templario, a la que se entra a través de una antigua puerta de acceso a la ciudad a cuyo lado se yergue la estatua de un cabalero templario. La puerta se llama Puerta de Burgos.
Le dimos un rápido vistazo al pueblo, paseando por el castillo -templario-, la iglesia de Santa María, que no tiene retablo, si no una pared donde hay una gran hornacina con la Virgen y un Cristo crucificado encima. El techo presenta estrechas aberturas y en una capilla lateral se hallan los sepulcros de dos antiguos señores.
Paseamos bajo el calor de la tarde por las calles tranquilas, vacías casi de gente, viendo casas señoriales, dos antiguos conventos, fuentes, la hermosísima torre azulejada de la iglesia de San Bartolomé y las cuestas empinadas de las estrechas calles de blancas fachadas. Hacía calor, el cual mezclado con las calles empinadas y una llaga en la boca mortificaban a Rosa, mientras las cigüeñas nos miraban indiferentes desde sus nidos.
En fin, como la pobre mía estaba fastidiada decidimos decir adiós a Jerez de los Caballeros y pusimos proa a Fregenal parando antes en la gasolinera, pero estaba cerrada, de modo que nos fuimos sin repostar a través de un camino montuoso por entre la dehesa, llegando al hostal relativamente rápido, siendo lo primero que hicimos el ducharnos, para luego ir al pueblo a tomar un refrigerio en la plaza del Ayuntamiento, en la cual se hallan situados la iglesia y el castillo -templario-, así como varias tiendas y bares en una acera asoportalada.. En el bar que entramos pedí un gin tonic y en el otro estremo de la barra había un menda cantando flamenco mientras aporreaba la barra del bar para hacer compañía, amen del coro. O sea, un tostón de padre y muy señor mío. Si por lo menos lo que cantara fueran extremeñas en vez del flamenco típico hubiera tenido algún interés, pero vamos, flamenco precisamente no era lo que mas nos "sulibeiyaba".
Luego nos dimos un paseo por el pueblo viendo algunos edificios curiosos, casas señoriales, una de las cuales con un patio interior de estilo arabesco y que en su momento fue escenario de una película llamada "Jarrapellejos". Tambien pasamos por una plaza con iglesia, por calles tranquilas con niños jugando, personas mayores paseando, las seculares cigüeñas dando los últimos vuelos antes de ir a dormir y, en fin, el día caminando a su ocaso, de modo que con esas nos dimos la vuelta camino de la habitación a cenar, ver un poco la tele, leer y dormir.
Día siguiente. Dos de Mayo. Levantamiento del Pueblo contra el invasor francés: 1808. ¡Gloria a la Patria!, ¡Viva el Pueblo Libre!, ¡Muerte al Francés!, ¡No consumas productos franceses!, ¡Compañero, lucha en apoyo de los transportistas españoles!, ¿Francés?, ¡No, gracias!.
Bueno, pues como iba diciendo al día siguiente nos fuimos de excursión a Mérida, cruzando la Tierra de Barros, la cual en su mayor parte es llana, excepto en las cercanías de Mérida, donde se vuelve algo mas abrupta. En ella predomina el viñedo, acompañado del olivar y el cereal, la típica triada mediterránea; es una tierra de color preferentemente rojizo, observándose como las cepas están plantadas muy juntas unas de otras, habiendo, por tanto, un elevado número de cepas por hectárea y consecuentemente, pienso, una gran producción, por lo que el caldo que produzcan no debe ser de muy buena calidad, como comprobé posteriormente en Almendralejo. La distribución del olivar viene a ser igual que en Andalucía.
En fin, llegamos a Mérida después de atravesar Zafra, Almendralejo y Torremejía, y pasar por junto a Villafranca de los Barros y Los Santos de Maimona, siendo cuando llegas a Mérida lo primero que te impresiona el Guadiana salvado por el espléndido puente romano, maravilla de la ingeniería y la arquitectura, con nosecuantos ojos contemplando el lento discurrir de las mansas aguas del río a lo largo de los siglos. Desde luego estos romanos pensaban durar la eternidad a tenor de lo que duran sus construcciones. De Mérida dicen que, si exceptuamos a Roma, sería difícil encontrar en toda Europa un conjunto urbano mas vasto que el de esta ciudad y el milagro del excelente estado de conservación de lo que nos ha llegado se debe a que ha estado enterrado hasta el presente siglo, en que empezaron a hacerse las primeras excavaciones arqueológicas. Su nombre romano era Emérita Augusta, era la capital de la Lusitania, fue una de las ciudades mas bellas de la Hispania de los Césares y fue fundada en el año 25 a. de C. por Publio Carisio.
El Teatro es su símbolo, el edificio emblemático de la ciudad y no es para menos: en el se daban cita hasta seis mil espectadores, dando esta cifra la magnitud de sus dimensiones, estando en la actualidad reconstruido en alguna de sus partes. Está la Orquesta, donde se situaba el coro y rodeada de las tres primeras gradas, donde al parecer se sentaban las autoridades. Pero lo que realmente impresiona por ser espectacular es el frente de la escena, el Escenario: una hermosa procesión de columnas dispuestas en dos pisos y de orden corintio. Sobre cada cuerpo de columnas se dispone un "entablamiento con arquitrabe, friso y cornisa ricamente decorados. Un gran muro de mármol cierra la escena". Supongo que todo iría revestido de mármol, lo cual debía ser espectacular. Entre las columnas hay dispuestas estatuas. Tres puertas, dos laterales en forma de bóveda y una central, permitían la entrada a escena de los actores. Detrás de la Escena hay un parquecillo que parece ser que servía para descanso de los actores.
Estuvimos un buen rato contemplando el conjunto desde todas las perspectivas posibles, aunque Rosa no estaba para muchas contemplaciones, pues le había picado una avispa en el Anfiteatro, donde estuvimos antes del Teatro. Este edificio era el lugar destinado a los juegos gladiatorios y lucha entre animales o entre animales y hombres. Tambien presenta gradas reconstruidas y poco mas vimos porque con la picadura del bicho se nos quitaron las ganas de seguir ahí.
Del resto de la ciudad vimos lo que nos permitió un rápido paseo: el Arco de Trajano, el Templo de Diana, el exterior de la Alcazaba y el patio central del edificio de la Presidencia de la Junta de Extremadura, que parecía un claustro; también vimos el palacio de Burnay, en la Plaza de España, el acueducto de los Milagros, muy interesante, la fachada de la iglesia de Santa Eulalia y el callejeo por el centro, con visita al mercado central, donde compramos queso, dos tipos de chorizo y un cuarto de kilo de pimentón de la Vera. Después fuimos a tomarnos unas cervezas y a Urgencias porque a Rosa le dolía la llaga de la boca. Después de esto nada más, porque la ciudad estaba a rebosar de forasteros y no nos resultaba muy agradable pasear entre cienes y cienes de turistas de todas clases, de entre las cuales destacaba la de los madrileños.
Total, que como no era precisamente el mejor momento para estar en Mérida para disfrutar de su acogedor encanto decidimos empezar a regresar a Fregenal, parando previamente en Almendralejo, ciudad aparentemente rica, basándome para pensar esto en los extensos campos cultivados de viña y con una estructura urbana de corte comercial, es decir muchos comercios y mucha zona peatonal, un Círculo Mercantil, una Estación Enológica, una Universidad Privada fundada por el marqués de no se qué, descendiente por línea materna de los Fernández de Córdoba o de los González de Córdoba o como diablos sea de Córdoba.
Se halla en Almendralejo la biblioteca más importante del mundo en temas en temas extremeños, fundada por el marqués de antes y anexa a la iglesia de San Antonio. También tiene Almendralejo, aunque no lo vimos, un extensísimo parque que según nos dijeron era muy ameno y donde los ciudadanos van a expandirse en las calurosas tardes- noches del estío. Tiene esta ciudad, además de bonitas ventanas enrejadas y muchas flores, una iglesia principal, llamada de Nuestra Señora de la Purificación, con tres puertas de acceso y una maciza torre de dos cuerpos. Y ya, por fin, decir que en esta ciudad nació y vivió el insigne poeta Don José de Espronceda, aquel de "con cien cañones por banda, no corta el mar si no vuela……"
Gran parte de estas noticias nos las transmitió un librero aparentemente bien informado de las cosas del pueblo y que por lo visto había estudiado en sus años mozos en Granada, con el cual estuvimos un rato charlando e informándonos, ilustrándonos acerca de casos y cosas de Almendralejo, pero tuvimos que cortar porque no paraba de hablar y nosotros debíamos de marchar. Otra vez será.
Así pues, nos encaminamos tranquilamente a Fregenal, terminando la jornada en paz y armonía, estando Rosa, afortunadamente, más relajada y aliviada de su dolor de boca. Cenamos, comentamos las incidencias del día y a dormir, que mañana nos vamos para Málaga.
Por la mañana recogimos las cosas, desayunamos y nos fuimos en dirección Llerena, pero primero entramos en Fregenal a comprar alguna postal y un escudito del pueblo.
El camino a Llerena es muy sinuoso, por encinar primero, haciéndose mas suave al entrar en zona de pastizales y de cultivos. Pasamos por Fuente de Cantos, pudiéndose ver desde la carretera dos iglesias, una de las cuales en restauración y destacando en la otra una airosa torre. A partir de aquí el camino presenta una gran variedad en cuanto a orografía y cultivos, pues si bien al principio el terreno es bastante llano y el cultivo es de secano, sin árboles, para pasar luego a olivar, a grandes manchas de repoblación con eucaliptos, zona de dehesa, monte bajo, almendrales, y todo ello a través de una sierra de monte bajo. En contraste con la sierra de donde veníamos, aquí ya no se ve tanto ganado, como no fuesen cabras, así como tampoco había tanta profusión de olores.
Bueno, pues resulta que al final llegamos a Llerena, hasta la misma Plaza Mayor, donde aparcamos después de dar cuarenta vueltas y tras lo cual de lo primero que nos dimos cuenta es del blancor níveo de las casas, seguido por la iglesia de Nuestra Señora de la Granada y del conjunto arquitectónico de la Plaza Mayor, la cual cuenta entre sus edificios el del Ayuntamiento, cuya fachada está enmarcada por dos palmeras y cuenta con un patio interior; también está la iglesia que antes mencioné y que presenta diversas muestras del estilo gótico, su ajimez y una artística balaustrada. Además, tenemos en la plaza dos galerías de soportales, una mas larga que la otra y donde se ubican varios bares. Lo que si que se nota desde el primer momento es que esta plaza es el corazón del pueblo, centro social y artístico y en cuyo centro se ubica un pilar octogonal.
Nos pusimos a pasear recorriendo prácticamente todo el pueblo, admirando los siguientes puntos de interés: convento de Santa Clara, los Humilladeros de San Lorenzo y de San Antón, que son cruces de piedra sobre unos monolitos; el Hospital de San Juan, que estaba en restauración, la iglesia de Santiago Apóstol, con portada y ventanas góticas, la iglesia de la Concepción, la ermita de Santa Catalina, la de la Merced, el Palacio Episcopal, del cual destaca únicamente la puerta, una ventana árabe en una casa, la Puerta de Montemolín, algunas casas curiosas, las blancas calles, tan parecidas a las andaluzas y poco mas, aunque creo que todo lo dicho da una idea de la importancia que esta localidad debió tener en su momento. Será cuestión de leer un poco sobre su historia.
Tomamos unas cervezas, compramos unas postales, hicimos fotos y gratamente sorprendidos por la hermosura del pueblo le dijimos adiós, enfilando por el camino de vuelta a Málaga, pasando por Guadalcanal, Alanís y Cazalla de la Sierra, pueblos de la conocida cono Sierra Norte de Sevilla, la cual es muy montuosa, predominando el encinar, aunque también hay zonas de olivar y de pastos. Paramos en Guadalcanal a tomar un refrigerio y de camino ver el pueblo, pero como nos resultó un poco insulso, con aspecto dejado, de modo que continuamos camino hasta que desde una curva divisamos la llanura cerealista y esteparia que es valle del Guadalquivir, donde se encuentran pueblos como Lora del Río, Fuentes de Andalucía, la Lantejuela y Osuna, donde tomamos la A-92, que nos llevó a Málaga, poniendo punto y final a un viaje tan bonito que nos llevó a disfrutar juntos de unos paisajes hermosos y exuberantes, a contemplar castillos, casas señoriales, el poder de Roma, iglesias, calles, gentes, gastronomía, cultivos y animales, todo de una gran variedad y belleza, acompañados de un tiempo espléndido y de las muchas ganas que teníamos de hacer este viaje extremeño.

Ahora, emocionados aún por las cosas vistas y vividas, empezamos a soñar con nuevas rutas que nos lleven, a través de los caminos de España, a disfrutar de la gente, de la tierra y de las excelencias de esta maravillosa piel de toro, para nuestro aprendizaje y recreo.


Málaga, a 8 de Mayo de 1997
Fernando José de Laguno Oviedo


5- UNA SEMANA EN EL MONASTERIO©


Del 28 de Agosto al 3 de Septiembre de 2000

Fernando José de Laguno Oviedo

www.lagunomunoz.com©

Esta es la narración de la grata estancia que pasamos Rosa, Pablo y yo en el Monasterio de San Juan Bautista, en Valfermoso de las Monjas, sito en un hermoso valle y regido por monjas benedictinas.
El valle es el formado por el río Badiel, que si bien en épocas pretéritas debió ser un orgulloso ría de un caudal considerable, hoy no pasa de ser un pequeño riachuelo, con agua todo el año pero discreto, agua que riega las huertas y plantíos que se esparcen a lo largo de todo el valle, huertas de pequeñas dimensiones y mas de economía de subsistencia que de otra cosa. En ellas podemos ver, a últimos de Agosto y primeros de Septiembre, cebollas, pimientos, tomates, lechugas, acelgas, patatas,…También hay árboles frutales, como ciruelos, manzanos, nogales, etc. Por lo que pudimos observar todo se criaba muy bien, dando frutos grandes y hermosos, proporcionándonos la prueba de ello unas cebollas que nos regaló Pantaleón, un vecino que regentaba un chiringuito cerca del monasterio, de las cuales una pesaba 750 grs.
Además del Badiel, observamos arroyuelos, como el que nace por encima de Valfermoso, en un lugar llamado, si no me equivoco, Fuente de la Palmera, a 920 ó 960 m. s. n. m. Además de esta hay varias fuentes más.
Lo que no está cultivado de huerta lo está de cereales, olivo y vid, o sea, la triada mediterránea, y en las laderas de los montes que hacia el río descienden plantan sus reales los pinos, porque las eras estaban en el fondo del valle a modo de linde entre las parcelas o como cultivo en algunas zonas con fines económicos, encontrándose precisamente en esos momentos procediéndose a la tala en algunas parcelas.
Los montes que se veían desde el monasterio alcanzan su cota máxima en el denominado Palacios, con 1.030 m., habiendo uno, del que no recuerdo el nombre, que daba paso a unas amplias zonas llanas o de navas, como Navaluenga, La Nava del Roble, Navaseca, Los Horcajuelos, Alcarria del Castillejo, nava a donde van los hombres de Valfermoso a cultivar, a una altitud media de 1000 a 1050 m y lo se no porque fuese a verlo si no porque me lo dijeron gentes del pueblo con las que entablamos conversación.
Pero bueno, antes de estar ya hablando con la gente volveré al principio, pues mi mente quiere ir más rápida que la narración, y relataré los acontecimientos por orden cronológico empezando por nuestra partida, que fue el domingo 27 de Agosto a las 10:40 horas de la mañana, estando conduciendo hasta pasado Almuradiel, donde paramos para comernos los sabrosos bocadillos que preparó Rosa. Así estuvimos como cosa de una hora, habiendo sido el camino muy tranquilo, con bastante tráfico pero tranquilo, con Pablo durmiendo hasta la parada para comer, que se despertó y se le dio de comer. Después nos pusimos nuevamente en camino y ya sin mas paradas llegamos a Ocaña, primera parada y fonda de nuestra jornada.
Llegamos al hotel Los Hermanos, tomamos la habitación, dejamos las cosas y nos fuimos a dar una vuelta de reconocimiento, resultando ser un pueblo la mar de interesante, del cual, como no podía ser de otro manera, destacaremos su Plaza Mayor, muy amplia y bonita y en la cual sobresale la fachada del Ayuntamiento con su reloj, que marca la hora oficial del pueblo. En nuestro deambular vimos también el Convento de Santo Domingo, el Palacio de los Cárdenas, Iglesia de San Juan Bautista, Convento de Santa Catalina, el Teatro Lope de Vega, el Rollo de Justicia y el conjunto de calles blancas y tranquilas. Tras este paseo nos fuimos a la habitación para bañar a Pablo y relajarnos un poco, tomarnos un refrigerio y a eso de las ocho y media nos fuimos otra vez a pasear por el pueblo, por la Plaza Mayor y calles adyacentes, buscando un lugar donde cenar y tras varias vueltas retornamos a la plaza y nos sentamos en una mesa al aire libre, amenizados por la gente que concurría, los gritos de los niños jugando y lo rica que estaba la tarde-noche. La cena: papas a la brava, alitas de pollo y pinchitos, todo ello regado con dos jarras de cerveza. Como podréis comprobar una muestra excelente de la cocina típica del lugar.
Pablo, como no se está quieto ni durmiendo, se cayó hacia atrás con la silla, dándose un buen porrazo el cual, afortunadamente, no tuvo mas consecuencias que el susto y un chichón. Luego, tras la cena, nos fuimos a dar un paseo, disfrutando de la noche y emocionados por estos días de descanso que, gracias a Dios, empezábamos a disfrutar.
Despacio, degustando el momento y hablando sobre las cosas que veíamos, tales como el Casino, las casas, el paisanaje, las mismas calles que pisábamos, las estrellas que adornaban la oscuridad del cielo - no había luna- , nos fuimos acercando a la habitación para dormir. Buenas noches y hasta mañana.
Bueno, hola, ya es de día. Desayuno y carretera y manta fue todo uno, de modo que cantando bajito y caminito adelante llegamos en plis-plás al proceroso mar de la M-40, el cual surcamos con rapidez en busca de la derrota de la N-II y ya en ella, "con viento en popa y a toda vela" navegamos por esta ruta también llamada Camino de Aragón y en poco rato se nos apareció el desvío señalado como Brihuega-Miralrío, por el cual nos metimos, momento en el cual ya comenzaron los nervios, por fin nos acercamos al destino, que alegría, por fin entramos en el meollo de la aventura, ya tenemos a nuestros pies la carretera comarca….¡Oh, que bonito, ya estamos en el valle!. Que largo es, ¿verdad, tú?. Vaya, no debo chillar, el niño duerme y las curvas son muchas.
Vale, tras todas esas curvas y un par de cruces llegamos al monasterio. Preguntar a una paisana que por donde se entra, señalarnos una puerta, preguntarle a un señor -que resultó ser Don Pedro, el capellán-, indicarnos como y donde, aparcar y preguntar en la puerta del monasterio, fue todo uno.
En la puerta nos recibió una monja que nos preguntó si éramos los malagueños, añadiendo, creo que con satisfacción, que ella era también malagueña, aunque hacía cuarenta años que por allí no iba, pues nada tenía allí que la reclamara, lo cual resultaba lógico si teníamos en cuenta que toda su familia residía en Barcelona. Esta monja era Sor Natividad, Sor Nati, mujer amable, simpática y sospecho que muy inteligente, quizás la mas inteligente de cuantas monjas allí había; reservada y observadora, aunque cuando la ocasión lo requería habladora y reidora como la que mas, destapándose en algunas ocasiones el gracejo andaluz y desde luego amante de los niños, pues con el mío se portó con un cariño, una delicadeza y un interés que nos emocionó tanto a Rosa como a mí. Ello no quiere decir que las demás monjas no se portaran así, si no que lo hacía de una manera muy particular, con un sentimiento que a fuerza de no querer dejarlo traslucir, se le escapaba por todas partes. En fin, un primor de mujer.
Bueno, una vez hechas las presentaciones, nos encaminó a nuestra habitación, nos dio unas cuantas instrucciones sobre el sencillo régimen interior y desapareció. Tras esto fuimos al coche a coger las cosas, las distribuimos en la habitación, cada una en su sitio y nos fuimos fuera a ver entorno interno del monasterio, sobre todo un patio en el cual había un gran nogal y varios abetos, una higuera y varios macetones, lugar en el que estuvimos un rato jugando con Pablo a coger nueces y piñas que en suelo había. Luego vimos la fuente, que tenía esculpidas cinco granadas en conmemoración, según nos dijeron, de un obispo que estuvo allí y que era natural de Granada. Había muchos rosales y un tilo grande. Rosa se fue después a lavar la ropa sucia que había y la tendió en el patio del nogal, donde había unas cuerdas para tal efecto. Luego subimos a la habitación a terminar de poner orden y ver, desde la ventana, un sembrado de patatas que allí tenían las monjas y que en ese momento estaba siendo regado. También se veían desde la ventana de nuestra habitación rosales con rosas de diferentes colores, prunos y otro árbol que no recuerdo cual era.
A las dos menos cinco bajamos al comedor a almorzar, donde tomamos contacto con los que iban a ser nuestros compañeros de convivencia durante esos días. Antes de empezar a comer, Don Pedro bendijo la mesa con la siguiente oración:
"Bendícenos Señor y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar. Amén."
Nuestra mesa la compartíamos con Pilar, una mujer viuda, de 61 años, robusta, rubia, de ojos azules y casi pidiendo perdón por todo; María y Elena, dos monjas de no recuerdo que Orden, profesoras y conocida su congregación en Guadalajara como "Las Francesas", pues la que fundó la Orden y las primeras que se instalaron en esa ciudad eran de esa nacionalidad. María es un poco hosca, no antipática pero tampoco simpática, un poco suya aunque de buena conversación. Elena es más simpática, más abierta y de más fácil acceso, siendo de las dos la que mas atrajo a Pablo, no dejando a la pobre en paz con el cuento del león y el oso y con los muñecos que tenía. La pobre derrochó paciencia.
El resto de los comensales en el comedor eran Don Pedro, Paco, sacerdote salesiano que estaba pasando unos días de descanso y que no paraba de hablar con el capellán, aunque durante el resto del día se perdía de vista; estaba Lourdes, profesora y un tanto beata, que cuando comía no gustaba de ser interrumpida, cosa que a Pablo no parecía importarle porque se encariñó con ella, siendo ella la culpable de ello pues era muy simpática con él y le daba mucho juego y gracias.
Estaba también Mari Carmen, mujer que estaba pasando por un trance difícil, pues se le había muerto su madre, quedándose literalmente sola en la vida y allí se encontraba buscando refugio espiritual y creo que intentando buscar salida, o mejor dicho, intentando orientar el sentido del resto de su vida. Tendría unos 55 años y llevaba ya dos meses allí.
Amelia, que era compañera de Orden de María y Elena, igual de "Hermanas Gilda" que ellas; le gustaba pasear y buscarse un lugar sombreado en el camino para ponerse a leer. En su mesa se sentaba Doña Celia, señora de 84 y vestida de verde con cíngulo y que resultó ser la madre de la Abadesa.
También teníamos allí a tres matrimonios alicantinos, que estaban siempre fuera, un muchacho estudiante de oposiciones, una alucinada, natural de Barcelona de la que se murmuraba que bebía y que lo mas probable es que estuviera hecha polvo por causa de la soledad, no sé. Manolo, un jardinero jubilado comprometido con la lucha contra el SIDA; otra Maria del Carmen, maestra cordobesa residente en Sevilla.
Afortunadamente conectamos bien con nuestras compañeras de mesa y en agradable conversación degustamos el siguiente menú: 1º- lentejas, 2º- cordero guisado, 3º- melón; vino con casera, agua, pan y café con leche. A Pablo se le dieron lentejas y un yogurt.
Tras la comida nos fuimos a la habitación a dormir una siesta, que se alargó hasta las seis, hora a la que bajé a tomar un café con leche; después bajó Rosa, que merendó y tras ella Pablo, un glotoncillo que parece mas una lima que un niño.
Sobre esa hora "aterrizó" la Abadesa, Madre Josefina, la cual llegó con una furgoneta nueva, lo cual fue motivo de regocijo para todas las monjas, todas opinando sobre esto y lo otro: capacidad, altura, anchura, las ruedas, potencia,…También Don Pedro opinó, tras lo cual empecé a hablar con el acerca de mi trabajo, la carretera, los coches, comentándome que a el los que mas le gustaban eran los monovolúmenes. Después del revuelo levantado por la nueva furgoneta, nos fuimos a dar un tranquilo paseo hasta la hora de cenar, lo cual ocurrió a las nueve, cena que fue igual de opíparo que el almuerzo: 1º- acelgas con patatas, 2º- jamón de york con croquetas, 3º- fruta; pan, vino con casera, agua. Para Pablo sopa, jamón y yogurt.
Después de cenar salimos al patio, paseamos por allí, vimos las estrellas, enseñándoselas a Pablo, allí, junto a los demás, todos intentando encontrar las diferentes constelaciones, las Estrella Polar y otras. Muy bonito, pues se veían miríadas en una atmósfera cálida, tanto de temperatura como de humanidad. En fin, tras esto nos fuimos a la cama a dormir, que mañana sería otro día. Empecé a leer un poco, pero en seguida me cansé y lo dejé para unirme al sueño de mi familia. Buenas noches.
Me levanto para asistir a las 7:00 A.M. a los maitines, donde a diferencia del año pasado que de los huéspedes solo iba yo, aquí me encuentro que va uno, un hombre de unos cincuenta años, Manolo, jardinero de profesión y que al salir del oficio religioso me comenta que ha estado realizando labores de jardinería en el monasterio, que por gusto y por pena de ver como estaba de dejada la jardinería allí y cogiendo unas tijeras se puso a podar unos setos y unos pinos jóvenes; esto me lo contaba a la vez que despotricaba contra el cura, al que no podía ver, siendo ambos de opiniones contrarias y al parecer irreconciliables.
Después me fui a la habitación, donde Rosa ya se había levantado y duchado, preparándose para bañar a Pablo, hecho lo cual bajamos a desayunar, siendo Pablo el centro de miradas en el comedor. Tras el desayuno nos fuimos a dar un paseo camino de Valfermoso, contemplando los montes que se alzaban sobre el camino y ante nosotros, viendo árboles, un arroyuelo, una fuente, escuchando los pájaros, viendo hormigas, quizás las últimas del verano, y digo todo esto en función de Pablo, pues era la primera vez que tomaba contacto con la naturaleza, que a pesar de estar andando por la carretera se nos ofrecía lo suficientemente tranquila como para que el crío se parara tranquilamente a observar una hormiga o a meter la mano en el caño de la fuente, a mitad de camino entre el monasterio y en pueblo, el cual es pequeño, con algunas casas muy buenas y otras no tanto, pero estas debido mayormente al abandono que sufrían, pues estos son pueblos que se están quedando vacíos de gente joven y aun de la mayor.
Nos paramos a hablar con algunas personas, una de las cuales resultó ser pariente de la Superiora del monasterio, Sor Josefina, y que tenía -¡que casualidad!- la mejor casa del pueblo, tan es así que creímos que era la casa del Ayuntamiento, el cual estaba ubicado en un pobre edificio en comparación con la casa de la pariente. Mientras Pablo estaba jugando con un niño a la pelota, hasta que se cayó, haciéndose una herida en la frente, aunque nada importante, algo previsible en un niño, lo que no fue motivo para que dejara de jugar, al contrario, cualquiera se lo llevaba, debiendo estar allí un rato mas.
Entramos en la iglesia, pequeña pero coqueta, torre cuadrada con tejado a cuatro aguas, luminosa de la claridad del día, de piedra por fuera y encalada por dentro, humilde en su decoración, con altar mayor y pocas imágenes, pila bautismal en piedra y….poco mas. La entrada tiene como un porche y no recuerdo a que Virgen o Santo estaba consagrada.
Yo me di un paseo por una senda entre árboles que iba paralela a un pequeño arroyuelo, aunque no anduve mucho pues me estaban esperando Rosa y Pablo, que deambulaban por el pueblo viendo y hablando, observando al furgón que traía comestibles, pues como en estos pueblos tan pequeños no hay tiendas vienen vendedores ambulantes que les traen tanto el pescado como la carne, los ultramarinos, droguería, confección, calzado y todo lo preciso para los habitantes del pueblo; éste estaba parado en la plaza, junto al frontón que, curiosamente, tiene el pueblo.
Tras unas vueltas por la aldea retornamos por el camino ya de vuelta, tranquila y sosegadamente, primero para disfrutar del día tan luminoso y segundo porque teníamos que ir al paso de Pablo, yendo a parar al final del camino a quiosco regentado por un matrimonio del lugar pero que habitualmente residen en Madrid; en ese momento se encontraba el quiosquero, el cual se llama Pantaleón. Nos tomamos unas cervecitas fresquitas que nos supieron a gloria y que nos reconfortaron. Tiene el quiosco sus mesas y sillas, además de unas barbacoas donde la gente suele asar la carne o verdura que traen mientras se toman los refrigerios que Pantaleón y su mujer les sirven, todo ello bajo los nogales que sombrean el lugar.
Acabada la cervecita nos fuimos para el monasterio a almorzar, pues ya eran loas dos menos diez y a las dos se come puntualmente. El menú fue el siguiente:
-1º espárragos trigueros con gambas y jamón: de fábula
-2º codornices guisadas: para que contar
-ensalada con productos de la huerta monacal
-flan y café con leche de postre
-vino, gaseosa, agua y pan.
Para Pablo: lentejas de las que traía mamá y un yogurt.
Acabada la comida nos fuimos al jardín a leer, con Pablo dormido, sentándonos en un banco próximo a la fuente, la cual es una de las pocas cosas originales que del monasterio se pudieron salvar de la destrucción ocasionada por la canalla francesa cuando la Guerra de la Independencia primero y por la locura fanática y destructora de los comunistas en el 36 después: esta fuente debe ser por su aspecto del siglo XVIII, si no de antes y creo recordar presenta unos relieves de unas granadas o algo así, no recuerdo bien.
Al momento Rosa deja de leer diciéndome que se va a lavar la ropa, quedándome yo con Pablo leyendo, hasta que empieza a aparecer gente que pasea y charla, de entre los que se desmarca Manolo, que se sienta cerca y empieza a hablarme de trivialidades primero para pasar luego a contarme cosas como que está separado, que tiene hijos, que el cura no le cae muy bien que digamos y diversas cosas sobre su actuación como activista en la ayuda de terminales del sida, lo que me hace preguntarme si no será porque alguno de sus hijos lo tiene o que incluso haya muerto de ello; quizás algún pariente o amigo haya pasado por el trance, viviéndolo Manolo muy de cerca, tan de cerca como para hacerle pensar que dedicar parte de su tiempo al socorro moral de los infectados les supone un consuelo o bálsamo que les mitigue su situación y de camino le haga sentirse satisfecho de si mismo, vaya usted a saber; desde luego no iba a preguntarle, porque esas cosas no se preguntan, es mejor esperar que te lo cuenten….. si quieren. Aunque claro, también puede ser que su convicción religiosa le empuje a ello o cualquier otro motivo, vete a saber. Mientras hablamos veo por el rabillo del ojo como pasa mi mujer con la colada para tenderla en un patio que hay detrás, bajo unos abetos y un nogal.
Tras esto, Pablo se despierta y me dice Rosa que se va a cambiarlo -tiene un sentido de la propiedad del niño que vaya tela-, de manera que yo, como Manolo se ha ido, me voy a pasear por un caminito muy ameno, por uno de cuyos márgenes corre un regato bajo la sombra de los chopos. Camino y regato desembocan en un arroyo, oyéndose solo el rumor del agua haciendo dúo con el viento que se cuela por entre las ramas de la chopera, mientras los pájaros hacen de coro llenando el valle con sus gorgoritos. Esto tan bonito tenía, inexcusablemente, que compartirlo con mi familia, de modo que fui a por ellos, trayéndomelos e iniciando así un paseíto que nos llevó a los tres al arroyo bajo la bóveda que los chopos formaban, haciendo Pablo sus "diabluras" con las ramas de los árboles y tirando piedras al arroyo, y de ahí a la fuente de por la mañana y de ahí paseando hacia Ledanca pero sin llegar y de ahí de vuelta a monasterio. Por el camino de vuelta vimos a Manolo bebiendo agua de la fuente, aprovechando su visión para contarle a Rosa lo que éste antes me había contado, siendo Rosa de la opinión de que alguien muy próximo a el tenía o había muerto de sida, nada de motivos religiosos.
Ya en el monasterio nos aseamos y bajamos a cenar, compartiendo mesa con los mismos de siempre, lo cual será una constante hasta el día de nuestra partida. El menú fue:
- 1º sopa de fideos,
- 2º pescado frito,
- ensalada de tomate
- fruta y yogurt
- pan, vino y agua
Tras cenar salimos fuera a tomar el fresco, durmiéndose Pablo y poniéndonos a hablar Rosa y yo, siendo el cura objeto de nuestras críticas y risas y la verdad es que no recuerdo el porqué, el caso es que fue así. Una vez tomado el fresco nos vamos a la habitación, hacemos nuestras abluciones y a dormir….has las 00:25, hora que se despierta Pablo, pero bueno, sin problemas.
Buenas noches.




Hermoso día nos regala hoy Natura, límpida y diáfana atmósfera nos rodea e impregna, los corazones se inflaman de emoción y entusiasmo solo de pensar en el paseo tonificador que nos espera, en las imágenes llenas de vida y color que quedarán impresas en nuestras retinas para goce de nuestro espíritu, la vida que corre pareja a nuestro lado en los pájaros, los insectos, los árboles y las plantas, en el aire que mece las ramas y hace temblar a las hojas, en las nubecillas viajeras que desde las alturas escrutan la tierra, en las personas que, afanosas, trabajan el campo y las que por el camino van y vienen a sus quehaceres, en los aromas y fragancias que perfuman el ambiente, cálido por los rayos de un sol tonificador,…….espera, espera, primero lávate, vístete, recoge la habitación, desayuna un humeante café con pan, mantequilla, mermelada, quesitos, fruta, galletas y sobaos y luego vete a decir cursiladas mientras, ahora si, paseas.
Vale, ahora si, ahora ya estamos en el camino en dirección a Ledanca, paseo ameno y agradable, con un día luminoso y alegre, a un paso tranquilo y calmo -al de Pablo- a la vez que observamos todas las platas, todas las hormigas, todos los pájaros, todos los accidentes del camino, pues para el niño todo es motivo de atención, parándose a ver el vuelo vertiginoso de un pájaro o en cuclillas viendo como una mariposa se ha posado en una flor.
Caminando al par de la brisa observábamos como había plantado álamos, vides y manzanos, de los que cogimos alguna manzana, aunque no estaban aun maduras. Los campos de la derecha del camino según íbamos estaban ya segados, pero era evidente que se plantaban cereales, aunque se veían aquí y allí pequeñas huertas, donde desarrollaban su labor algunos hortelanos. Junto al río había una tala de chopos, pues se trataba de una chopera con fines comerciales.
Por el camino nos cruzamos solo con dos personas, una mujer y un hombre, amén del cura Paco, que se daba su cabalgada matutina, pues este hombre no anda, galopa. Y en cuanto a vehículos a motor, la verdad es que pasaban de tarde en tarde, permitiéndonos escuchar la Naturaleza en óptimas condiciones y a Pablo poder ir casi a su antojo, corriendo detrás de los insectos o parándose a mirar algún avión de los que por allí pasan.
En algunos grupetes de árboles nos parábamos bien para hacernos alguna foto bien para cambiar el asfalto por tierra y así hasta el desvío a Ledanca, a donde no subimos, pues aunque solo eran cuatrocientos metros decidimos darnos la vuelta y deshacer el camino al mismo sosegado paso de venida y a que nos diera tiempo a tomarnos unas cervecitas en el ameno quiosco de Pantaleón, donde le hicimos unas fotos a Pablo. Después a comer, que ya era la hora, siendo el menú:
- 1º judías verdes con puré de patatas y salsa de tomate,
- 2º filetes de pollo a la plancha con ensalada de aceitunas y lechuga,
- arroz con leche,
- vino, gaseosa, agua, pan y café
Para Pablo puré de patatas y judías verdes con pollo y un yogurt. Probó el arroz con leche pero no le gustó.
Tras la comida, tranquila y en animada charla con las compañeras de mesa, recogimos los servicios, yéndonos acto continuo a la habitación a reposar y de camino escribir un ratito, no mucho porque tampoco tenía demasiadas ganas, pero algunas notas sí y menos mal porque luego he tenido los apuntes necesarios para poder hacer el relato de nuestra estadía aquí. En fin, que sobre las seis bajamos a tomar un café con leche y galletas, y para Pablo manzana, plátano y una nectarina, además de galletas, para acto seguido ir a dar un lento y pausado paseo durante el cual nos encontramos con el "trío de la muerte", bueno, María, Elena y otra mas de la que no recuerdo el nombre y que venían de hacer un rato de ejercicios.
La verdad es que esto del paseo puede llegar a convertirse en una actividad tan placentera que temo que cuando prescinda de el pueda padecer síndrome de dependencia.
También por el camino nos encontramos con unos tíos de la Superiora, que viven en una casa al lado del monasterio y con los cuales caminamos durante un rato, hablando del sitio, de cómo es y de cómo era, mientras comíamos moras de los morales del camino. Eran dos personas aparentemente amables y digo aparentemente porque solo las vimos y tratamos ese rato, pero la impresión fue buena. Así estuvimos hasta que dio la hora de la cena, llegando al comedor a eso de las 20:55, siendo el menú:
- 1º puré de calabacín,
- 2º tortilla francesa con chóped de magro,
- fruta y yogurt,
- vino, agua y pan.
Para Pablo tortilla y yogurt.
Tras la cena, la consabida charla, pero notamos como no se establecía una charla general. La cual hubiera sido posible dado que éramos pocos, sino que cada mesa tenía su propio ritmo y si algo unía ciertas mesas con la nuestra era Pablo, que llamaba la atención de Lourdes, Carmen o la Madre Superiora y, a veces, la del cura Pedro.
Luego se armó un pequeño revuelo entre el niño y las monjas, pues se pusieron éstas a jugar con el, partiéndose de la risa con las gracias del crío, el cual era una ricura verlo riendo y diciendo sus cosas, imitando a los animales o contando alguna cosa con su media lengua y así hasta que llegó la hora en que tenían que ir las hermanas a Completas, a la cual asistimos nosotros también y tras lo cual cantamos el Salve Regina, siendo muy bello.
Después estuvimos charlando un rato con el cura hasta que llegó el momento de irnos a la cama a dormir, pues mañana tenemos que ir a Alcalá de Henares, a la reunión de Morellato, pero antes de esta queríamos ver un poco Guadalajara. ¡Hasta mañana, buenas noches!.




Maitines. Es la primera Hora, el primer rezo que se hace en el coro, leyendo y cantando, pidiendo fuerzas para soportar las dificultades del día, para vencer las muchas tentaciones a las que tendremos que hacer frente, leyendo cómo la voluntad, alentada por el ´halito divino, se basta y se sobra para destrozar al Enemigo, derrumbar las murallas que se alzan en nuestro camino por la senda del buen hacer, para escupir al Maligno y pisarle la cabeza como la serpiente inmunda que es, en fin, "recargando las pilas" espirituales y anímicas para echar el día.
Tras orar con las hermanas, me voy al cuarto donde Rosa y Pablo se están vistiendo para bajar a desayunar un riquísimo café calentito con pan y mantequilla, galletas, sobaos y fruta. Acto seguido nos vamos a Guadalajara, lugar al que aparentemente pudimos haber evitado el ir, porque después de deambular por el centro no vimos demasiado que nos llamara la atención, salvo una iglesia y el palacio del Infantado. Seguramente no estuvimos en las calles mas atractivas; Rosa compró un pantalón y "picamos billete" para Alcalá, pues ya David había llamado preguntando que si nos faltaba mucho para llegar.
Llegamos a la reunión cuando estaban hablando del Alfabeto, lo cual no me interesaba porque yo no iba a llevarlo de momento, pero bueno, escuchamos las cualidades y bondades del producto. Tras esto nos fuimos a comer lo siguiente:
-1º ensalada templada con gambas: zanahorias de bote refritas con gambas -también refritas-, lechuga, albahaca y picatostes,
-2º entrecote de buey con patatas y pimientos fritos,
- tarta de Santiago -la que hace Rosa está bastante mejor con diferencia-,
- tinto Irache del 98,
- agua, pan y café.
Tras la sobremesa retornamos al trabajo, el cual empezó por el tema de las correas, repasando resultados, presentación de los nuevos productos, nuevas promociones y nuevas estrategias. Reparto de materiales, consejos y ruegos y a volar, pero en vez de volar directamente al monasterio nos quedamos un rato deambulando por Alcalá tomando una cervecita, tras lo cual pusimos proa a Valfermoso, que se hacía tarde, parando antes para llenar el tanque de gasoil.
Llegamos justo a tiempo de asearnos un poco y sentarnos a cenar el siguiente menú:
-1º sopa de fideos,
-2º jamón u queso,
- tomate con aceite y sal,
- vino, agua, pan y yogur.
Para Pablo sopa, jamón y dos Actimel que compramos en Guadalajara. Por supuesto que el niño volvió a ser el juguete de todos.
Estuvimos en Completas y nos fuimos a la cama después de haber estado un momento bajo el tilo del patio.




Este día y el siguiente -1 y 2 de Septiembre- nos dimos dos buenos paseos: hoy a Utande, mañana a Ledanca.
Después de Maitines me fui a por Rosa y Pablo, que ya estaban listos para bajar a desayunar el café con leche, las tostadas con mantequilla, las galletas, los sobaos y la fruta; terminar y recoger las cosas, subir a la habitación a terminar de asearte, coger las tres cosas para el camino y lanzarnos al paseo, disfrutando de otro hermosísimo día, luminoso, con una temperatura si cabe mas agradable que los días anteriores. El mismo silencio, la misma paz solo rota por los trinos de los pájaros o el zumbar de algún volador insecto, laderas cubiertas de encinas que según Sor Nati eran robles, un molino de agua junto al río, llamado Molino de Doña Esperanza.
Este fue un paseo mucho mas largo, pues Utande está más lejos que Ledanca y la vuelta hubo que hacerla más rápidamente porque sino no llegaríamos a tiempo para comer. Quisimos tomar algo en Utande, preguntando Rosa y respondieron que el bar solo abre por la tarde, de modo que nos fuimos, comentando la sensación que nos produjo la reacción de aquel grupo de hombres al que preguntó Rosa a la cual no demostraron interés, respondiéndome a mí. En fin, pobres de ellos que son tan simples.
Llegamos al monasterio con el tiempo suficiente de lavarnos las manos y degustarnos con el siguiente menú:
-1º judías verdes con patatas, zanahorias y tomate frito,
-2º lenguado frito,
- ensalada de lechuga,
- vino, agua y pan.
Después reposamos un rato, bajamos al patio a leer, primero yo y luego Rosa y Pablo, estando un rato en el patio de atrás, bajo el nogal y la higuera, hablando, Pablo cogiendo piñas de los abetos que allí también había, además de nueces caídas del nogal, nueces que no se podían comer, pues debido a las heladas tardías de la primavera estaban quemadas.
Se sentía uno bien allí, pues el silencio y la paz nos envolvían en perfecta armonía con nuestro elevado estado de ánimo, pues nos sentíamos a gusto ora recogiendo piñas ora recogiendo la ropa tendida, bien izando a Pablo a ver si cogía alguna nuez del árbol bien andando por el pretil de una fuente medio derruida que en ese patio había y, así, nos fuimos a tomar un cafelito y Pablo merendar su fruta y su yogur.
Después nos fuimos a pasear y aquí fue cuando Rosa y yo empezamos a discutir por no recuerdo que cosa, probablemente por alguna de mis tonterías, pero bueno no sería nada importante porque solo quedó en eso, en una tonta discusión pasajera, la cual dejó paso a una charla amena hasta llegar de vuelta al monasterio, a tiempo de asearnos y bajar a cenar lo siguiente:
-1º sopa de arroz,
-2º tortilla francesa con queso fresco,
- ensalada de tomate,
- vino, agua y pan.
Pablo tortilla y sopa.
Durante la cena observamos que teníamos una nueva compañera, pero antes de hablar de ella tengo que decir antes de que se me olvide, que durante la tardeen un momento en que Rosa y Pablo fueron a la habitación apareció por el patio una muchacha cordobesa, llamada Pepi, que me preguntó por lugares para pasear, que acababa de llegar y tenía ganas de andar un poco después de tanto rato de autobús. La llevé por el caminito que va al río y le dije que por allá se va a Valfermoso, por acá a Ledanca y por acullá a Utande, que todas las demás direcciones conducen al monte y que en el monasterio se está muy bien.
Bueno, pues como decía, en la cena vimos a una nueva compañera, una mujer mayor, de nombre Elvira y que debía ser muy conocida de las monjas, pues charlaba con mucho desenfado y confianza con ellas, sobre todo con Sor Nati. Parecía un poco frívola y hablaba hasta por los codos y charla que te charla, resultó ser, ¡atención!,….¡de Tetuán!, y claro, Rosa ya empezó a hablar también a raudales, resultando que las respectivas familias conocíanse de allí y yo no se que rollos más.
En fin, que llegó la hora de recoger para ir a Completas, donde Pablo fue, ¡una vez más!, el centro de la atención, pues quería moverse, andar, hablar, cantar y todo lo imaginable que no se puede hacer en momento tan solemne y todo eso con mucha gracia, que era una delicia verle y con las monjas en el coro muertas de risa y pasando descaradamente del cura Pedro y del oficio. Pobre D. Pedro, con lo serio que es y un crío erigiéndose en el centro de la reunión y revolucionando a su monjil rebaño.
Después estuvimos todos en animada conversación un rato en la puerta de la iglesia, donde Sor Maria Dolores - Sor Lolita, según Pablo- me dijo que si podía ir a visitar a sus hermanos que vivían en Málaga, que me daría la dirección y una nota para ellos; ni que decir tiene que me puse gustosamente a su servicio. Tras esto, llegó la hora de ir a dormir, cosa que hicimos tranquilamente, no sin antes llamar Pablo la atención de Lourdes, que junto con Mari Carmen iban a orar un poco en la capilla.




Bueno, ya es dos de Septiembre, último día completo de estancia en el monasterio, donde después de desayunar, lavarnos y arreglar la habitación nos fuimos de paseo a Ledanca, ¡aleluya!, antes de las diez y media, de modo que dio tiempo a llegar, pasear por el pueblo y volver con toda tranquilidad.
El paseo ya lo conocíamos, de modo que pudimos ir un poco mas rápido, llegando al pequeño pueblo que es Ledanca, el cual cuenta con farmacia y una fuente en la plaza, donde estuvimos charlando con un lugareño que trabaja y vive en Burdeos y que venía disfrutar de sus vacaciones a su pueblo, enseñándonos la cas donde vivía y al parecer donde nació. Luego se despidió, marchando con unos amigos a jugar a la petanca, quedando nosotros dando un garbeo por el pueblo, pasando por la iglesia, la cual estaba en la parte alta y donde había una barandilla desde la que se podía apreciar una bonita vista, y por la verja del cementerio pasamos al camino de acceso a la iglesia, yéndonos por un caminito que pasaba junto a una pequeña ermita, no recuerdo si de un santo o una virgen, y por junto a un parque infantil. El camino pasaba por un puentecillo sobre el Badiel y bajo unos árboles, tomando luego el camino de vuelta para el monasterio y con tiempo suficiente para parar a tomar unas cervecitas en Pantaleón, el cual nos enseñó el huertecito que en la parte de atrás del quiosco tenía, con acelgas, cebollas, pimientos, tomates, habas, algún manzano, zanahorias y yo que sé que más, todo muy fresquito y ameno, cogiendo una cebolla que arrancó y que debía pesar casi un quilo y quenos regaló junto a otras dos un poco mas pequeñas y que nos comimos en casa ya cuando volvimos. Olían muy bien y sabían aun mejor, pudiéndose comer crudas de lo dulces que estaban. En el quiosco también estaban Elvira y Pepi, poniéndose esta última a hablar con nosotros y Elvira a jugar al mus con unos hombres que allí estaban sentados jugando.
Bueno, después de hablar con Pantaleón y terminarnos las cervezas nos fuimos a la habitación a asearnos y bajar al comedor, donde nos regalaron el estómago con las siguientes delicias:
-1º paella,
-2º patatas fritas, pimientos fritos, pollo asado en salsa de miel
- fruta,
- vino, agua, pan u café.
Después nos fuimos a la habitación a descansar y a dejar preparado el equipaje, pues mañana, lamentablemente, debemos marchar. Tras lo cual bajamos al patio, donde ya estaban Elvira, Pepi y no recuerdo quien más. Tras hablar un poco nos dimos el paseíto de rigor, parando esta vez en Pantaleón a tomar un vermut y continuar nuevamente el paseo, que nos llevó a Valfermoso, hasta que llegó la hora de la cena, que tras lavarnos y sentarnos, nos pusieron por delante, siendo esta:
-1º puré de verduras,
-2º croquetaqs de chóped,
- ensalada de tomate,
- fruta y yogur,
- pan, vino y agua.
Después nos fuimos a Completas, donde me pareció que el ángelus o lo que fuera fue mas emotivo que en otras ocasiones, dando paso luego a las despedidas, siendo Pablo protagonista principal. La verdad es que fue un momento muy emocionante y bonito, donde las monjas nos desaron lo mejor y las que parecían mas serias o mas antipáticas resultaron ser tan sentientales como el resto de los mortales. Sor Maria Dolores me dio las señas de sus hermanos y, así, entre besos, abrazos y alguna lágrima nos despedimos de la mayoría de las Hermanas, no de todas, pues al resto las veríamos en el desayuno.
También nos despedimos del cura Pedro, intentando este disimular su emoción y querer aparecer grave y serio, pero a la legua se le veía que se emocionó. Era natural de Molina de Aragón, la ciudad mas fría de España.
Se me olvidaba decir que en la cena nos trajeron dos frascos de dos quilos cada uno de la famosa miel de la Alcarria, elaborada allí en el valle. No recuerdo cuanto costaron, pero poco para lo exquisita que estaba, pura ambrosía, oiga.




Ya el día de vuelta fue una cosa rápida. Desayunar, despedirnos de Elvira, Pepi, Sor Nati y Sor Josefina, picando billete rápido para Málaga y parando solamente en un área de servicio de la autovía para tomar una cerveza y, sin ninguna incidencia digna de mención, llegar a casa, deshacer el equipaje, ducharnos y bajar a casa de Marisa para comunicarles nuestra vuelta y contarles las incidencias de esta agradable jornada en un monasterio del valle del Guadiel.
Aquí pongo los nombres que recordamos de las monjas: todas con el Sor delante: Nati, Carmen, maria Dolores, Carmen María, Teresa, María, Presentación, Ester, Ana María y Madre Josefina, la Superiora.
Aparte tenemos a D. Pedro, el Párroco
De los hospedados tenemos a:
- Pilar Fernández, de Madrid, viuda, con dos hijos, elegante y con mucha educación,
- Lourdes, maestra, soltera y que vive en Madrid con su madre,
- Mari Carmen, de Madrid, soltera y que se le había muerto recientemente su madre, la única familia que tenía,
- María y Elena, dos pseudomonjas de Guadalajara, maestras en el colegio de "las Francesas",
- Manolo, el jardinero, natural de El Saucejo, Sevilla, pero que lleva décadas viviendo en Madrid, en el barrio de Vallecas. Jubilado y miembro de un movimiento cristiano de ayuda a enfermos, principalmente de sida,
- Carmen, una profesora cordobesa,
- dos familias de Alicante a las que no se les veía el pelo,
- una muchacha estudiante, de Madrid,
- Paco, un cura de vacaciones
- Celia, madre de Sor Josefina,
- Elvira, la de Tetuán, y Pepi, de la que no se nada.






18 de Septiembre de 2000